Por Bernardo Tobar Carrión
btobar@hoy.com.ec
El principio en que se asientan los llamados derechos intelectuales es elemental: reconocer un bien intangible -por ello lo de intelectual o inmaterial- que resulta de la creatividad, de la innovación o de cualquier otro esfuerzo que la ley considera suficientemente meritorio para estimularlo y protegerlo bajo la forma de un derecho exclusivo.
Y este principio, como todas las cosas filosóficamente válidas, no solamente beneficia a los creadores e inventores, sino al universo de personas que tienen acceso a bienes culturales, tecnología e infinidad de productos que han mejorado la calidad de vida y el bienestar general.
Las tecnologías en materia de salud, comunicación digital, computación, las herramientas que mejoran la competitividad y la eficiencia o la inmensa oferta de bienes culturales implican tiempo, talento, inversión y esfuerzo que, de no estar legalmente reconocidos y económicamente compensados, sencillamente no existirían o se limitarían en variedad y calidad a los que pudieran fabricar los burócratas con dinero de los contribuyentes.
Hay una estrecha conexión, tanto conceptual como estadística, entre un sólido sistema de respeto a los derechos intelectuales y la existencia de una economía con alto valor agregado pues, de otro modo, no hay el estímulo suficiente para apostar a la generación de tecnología y conocimiento, que adquiere un valor de intercambio gracias al derecho exclusivo que ampara a sus creadores.
Claro, resulta poético y hasta conmovedor escuchar -fundamento del reciente decreto de utilidad pública sobre patentes farmacéuticas- que la salud no puede ser una mercancía y las medicinas, para mencionar un ejemplo, son exactamente eso, efectos de comercio.
Lo que no se dice es que si los farmacéuticos no tuviesen un valor de mercado, tampoco estarían en él. Matemática simple.
Muy plausible lograr el acceso de los pobres a medicamentos cuyo precio de mercado les puede ser inalcanzable, posiblemente mediante subsidios, pero no a costa de mutilar el derecho de quien hizo posible la existencia misma del invento.
El efecto lo veremos pronto: copias de mala calidad -lo cual es absolutamente irresponsable cuando se trata de salud-, desabastecimiento de los productos de última generación, retaliaciones comerciales a productos de exportación ecuatorianos -con el desempleo local consiguiente- y el florecimiento de la industria farmacéutica de copia que, hay que reconocerlo, ha sido extraordinariamente eficiente en obtener de los Gobiernos políticas de relajamiento de la propiedad intelectual en provecho de su ilegítimo negocio, que maquillan con supuesta preocupación social. Lobos con piel de cordero.
Pero lo de fondo, nuevamente, es la desconfianza en nuestro propio potencial, pues solo suponiendo que somos incapaces de generar y exportar tecnología puede pretenderse la reforma, contra los derechos intelectuales, de una de las pocas leyes con las que el Ecuador ha estado a la vanguardia y no a la saga.
¿En esto también copiaremos a Chávez?
Hora GMT: 04/Noviembre/2009 - 05:10











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04/Noviembre/2009 a las 07:03
Se han preguntado porque el IEPI no se preocupa por defender las patentes y mas bien propone derogarlas. La respuesta es simple, increiblemente quien esta al frente del IEPI, Andres Icaza, es justamente el abogado de ALFE, la asociacion de laboratorios farmaceuticos del Ecuador, que al obtener las licencias obligatorias, produciran medicametnos como los que hasta el dia de hoy no tienen control de calidad alguno y obtendran cuantiosas ganancias. La salud, bien gracias.
04/Noviembre/2009 a las 10:53
Excelente el punto de vista del Sr. Tobar al afirmar que el respeto a la propiedad intelectual, “no solamente beneficia a los creadores e inventores, sino al universo de personas que tienen acceso a bienes culturales, tecnología e infinidad de productos que han mejorado la calidad de vida y el bienestar general”. Solamente el estímulo y protección apropiados a la actividad creativa, garantiza la permanente producción de mejores bienes y servicios para beneficio de toda la sociedad. ¿Qué interés puede tener un inventor para invertir y esforzarse en desarrollar un nuevo ingenio, si tan pronto lo pone en el mercado, los piratas expropian su idea y le ganan la posición en el mercado, liquidando las legítimas utilidades que pensaba obtener por su esfuerzo creativo?
La reciente proclama del emperador Correa de su decisión de cancelar las patentes concedidas en el Ecuador, dizque para mejorar el acceso a los medicamentos, revela solo una de dos cosas: una supina ignorancia sobre el tema, o el enorme interés comercial de sus aliados y protegidos para terminar de capturar el mercado de medicamentos con productos piratas y de pésima calidad. Es inmoral la estrategia usada por Correa para beneficiar a los industriales que le asesoran, engañando descaradamente al pobre y crédulo pueblo con la demagógica promesa de que la salud nacional mejorará al cancelar las patentes. Lo que pasará es exactamente lo contrario: la salud empeorará al ser manejada con productos basura, PERO, los deshonestos “industriales” a los que protege Correa se volverán todavía más millonarios de lo que ya son. Eso sí, sus protegidos NO SON PELUCONES, SON “ALIADOS”… Qué doble discurso tan corrupto!
Esta estrategia del emperador Correa es, además, muy bien planificada. No fue coincidencia que el oscuro y voluminoso abogado Andrés Ycaza fuera colocado como presidente del IEPI, fíjense que perversidad: el peor enemigo de los derechos de propiedad intelectual, es hoy, por decisión presidencial, quien maneja la institución que creamos los ecuatorianos para defender los lícitos derechos de quienes se esfuerzan por crear e innovar. Correa puso al vampiro en el Banco de Sangre… porqué y para qué????
04/Noviembre/2009 a las 18:51
Punto de vista contrario a la filosofía del software libre. Con un razonamiento similar nunca se hubiese desarrollado sistemas informáticos más confiables y seguros que los ofrecidos por Microsoft. El sistema operativo Linux por excelencia es el resultado de un trabajo colectivo, solidario y millitante.
La creatividad y los resultados investigativos deben tener su reconocimiento pero nunca puede estar sobre la dignidad del ser humano. Caso contrario deberíamos pagar permanentemente por la educación recibida y renunciar a la educación pública, pues el conocimiento impartido fue alguna vez invención de algun personaje notable.
Las grandes y nobles mentes humanas nunca se han sentido inspiradas por réditos personales o económicos por sus decubrimientos, sin embargo las empresas han sido despiadadas a la hora de velar por los derechos de autor.
En muchas ocaciones estos derechos son obtenidos de forma fraudulenta y a precios bajos que se contraponen con las utilidades que una vez patentados representan.
Cabe preguntarse: El pago de derechos de autor, reconoce el talento de sus creadores o simplemente son ingresos para los propietarios de las patentes? Estos propietarios que nada tienen de inventores, pero si mucho de mercaderes oportunistas.