Francisco Rosales Ramos

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Nicolás Sarkozy, el actual presidente de Francia, triunfó hace cuatro años contra la entonces candidata socialista Segolene Royal, en ese momento cónyuge de Francois Hollande, quien, a su vez, en las elecciones del 6 de mayo ha expulsado a Sarkozy del Eliseo. Ahora, el nuevo jefe de Estado francés ya no está casado con la señora Royal. Tiene como compañera a la señora Valérie Trierweiler. Cosas del "savoir faire" francés.

El destronamiento del señor Sarkozy era previsto, no solo porque las encuestas le ponían por debajo del candidato socialista, sino porque la terrible crisis económica y social que afecta a Europa, aunque a Francia no en niveles tan dramáticos como Grecia, España, Italia y Portugal, exigía una nueva víctima y también porque la actitud arrogante de Sarkozy le hizo perder contacto con los electores. Además, el orgulloso pueblo francés (la grandeur de la France) no vio con buenos ojos que su presidente se haya convertido en una suerte de acompañante de la señora Angela Merkel, canciller de la poderosa Alemania -la única economía europea en crecimiento- en la definición de las políticas europeas para el enfrentamiento a la crisis continental y en la adopción de estrictas medidas restrictivas de ortodoxia económica.

El señor Hollande, que fue designado candidato del Partido Socialista luego los escándalos sexuales de Strauss-Kahn que sepultaron su vida política (un verdadero Peyton Place francés), fue educado en las universidades elitistas de ese país (grandes écoles), de las que ha salido la mayor parte de sus presidentes y primeros ministros. En su campaña prometió abandonar las políticas restrictivas del gasto público para sustituirlas con medidas de expansión económica que combatan el desempleo, que es el mayor problema de Europa. En Francia se ha mantenido en alrededor del 10% de la Población Económicamente Activa. Resultaba, entonces, que el candidato opositor tenía enormes ventajas frente al jefe de Estado que ha debido lidiar con la gran crisis que ha puesto a los europeos al borde de la desesperación. Ha jugado también papel importante en la derrota de Sarkozy el crecimiento de la extrema derecha francesa, liderada por Marine Le Pen que obtuvo casi el 20% de la votación en la primera vuelta. Este grupo que persigue a los inmigrantes, cuestiona las políticas europeas y el papel de Francia en la UE, no apoyó a Sarkozy en la segunda vuelta, pese a los intentos de éste por acercarse a sus proclamas políticas. Inclusive se sostiene que el presidente cometió un grave error electoral al hacer suyas algunas ideas radicales de Le Pen, porque desorientó a su electorado natural con mensajes confusos.

Pero no todo está dicho. En junio se elegirán los miembros de la Asamblea Nacional y allí Hollande y el Partido Socialista tienen el gran desafío de alcanzar la mayoría. Si no lo logran, volverá la "cohabitación", sobre la cual los políticos franceses tienen amplia experiencia.