Alexandra Ayala Marín
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Y resulta que ya no está como vicecanciller, ni en el ámbito gubernamental, aquel que fue el primero en ofrecer residencia en Ecuador al controvertido Julian Assange, erigido por algunos en el casi paradigma de la libertad de expresión. Hace poco más de un año, la generosidad de Kintto Lucas, fue rápidamente desautorizada incluso por el presidente de la República, en un caso que terminó con la expulsión de la embajadora de los Estados Unidos. Y resulta también que, en poco más de un año, el nombre del país es hoy más conocido en el mundo occidental -y seguro que también en China, nuestro principal prestamista- que por la iniciativa Yasuní, resonada en estos días debido a la Cumbre Río +20. ¿Cómo no va ser más publicado que Assange, internacionalmente temido, pida asilo político al Ecuador y cobre, así, la palabra de un ex funcionario del Gobierno de Rafael Correa? ¿Y cómo no va a ser llamativo que hace dos meses, como tanteando el terreno, el señor de los WikiLeaks hiciera una entrevista al presidente ecuatoriano y este, para cerrar, se despidiera con una bienvenida? Sí, le dijo: "Bienvenido al club de los perseguidos".
O sea, no solo que RCD lo consideró, implícitamente, un perseguido político y, teatralmente, se puso a su nivel (¿usted sabe por quién es perseguido?), sino que esas mismas palabras se convirtieron en una invitación, si no a casa, sí a considerarlo un colega de desventura. Y claro, en momentos difíciles es cuando surgen las verdaderas amistades, ¿verdad? Pero el hecho más cierto es que uno de los hombres que representa peligro para los países del G8, al menos, y sobre todo para la primera potencia mundial, ha puesto en aprietos al Gobierno ecuatoriano, o a prueba: como que le dice a Correa 'ahora sí, vamos a ver cuánto te comprometes conmigo, cuánto defiendes la libertad de expresión que dicen que yo defiendo….'
Puede ser que hoy, cuando usted lea este artículo, la puesta a prueba haya resultado favorable para Assange y que, simultáneamente, Ecuador haya puesto en entredicho su política exterior frente a tres países, y que para otros, los de la Alba principalmente, sea muy plausible la bravura ecuatoriana que desafía nuevamente la bravura indiscutible del imperio. Pero lo cierto sería también que las contradicciones se desnudan y podrían convertirse en oportunidad para cobrarle la palabra al mandatario en lo que respecta a procedimientos domésticos.
Porque se habría dado asilo a un hombre que enfrenta juicios por acoso sexual y violación, aunque se diga que es trampa política. Coherencia con el castigo a los acosadores y violadores sexuales, tendrán que exigirle las mujeres. ¿Lo harán las del Gobierno? Porque se trata de un hombre que, en acto sui géneris de defensa de la libertad de expresión, publicó documentos secretos que descubren los intríngulis de los poderes políticos occidentales. Habrá que reclamar, entonces, más respeto a investigaciones legales que descubren lo oculto, como en el caso de El gran hermano, por ejemplo. Oportunidad para exigir coherencia en la política interna. ¿Será? ¿Qué resultados?
Autor: Alexandra Ayala - Ciudad Quito







23/Junio/2012 a las 08:45
Ese personaje que está siendo enjuiciado por un delito en Suecia, mal puede solitar asilo político por cometer delitos comunes, a menos que el País que lo acepte, pase a ser cómplice de su inimputabilidad. Assange no solamente es un presunto culpable de accoso sexual, sino que montó una red de espionaje mediático mundial en que se dedicó a develar comunicaciones de los Estados y sus Embajadas. Violó el carácter reservado de correspondencia que pertenecía a la esos países.Puro y simple espionaje.