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Pandillas

Publicado el 19/Julio/2008 | 00:00

Las pandillas modernas se originan a principios del siglo XIX, en esa mezcla de ghettos de segregación territorial y marginación social, en el ámbito de la juventud urbana. La crisis de las instituciones de socialización como la familia, la escuela y el trabajo; la inadecuación del consumo que los medios de comunicación venden y el mercado posiblita; la reducción de oportunidades; la construcción de mecanismos de autodefensa y protección; la apropiación tecnológica; las migraciones internacionales y las políticas de seguridad ciudadana, entre otras, son razones para su existencia. La pandilla se convierte en un sustituto institucional para que el joven pueda sentirse parte de la vida cotidiana, frente a la escasa libertad que tiene en el espacio privado-doméstico, obligándole a disputar el esquivo espacio público.

Desde fines del siglo pasado aumenta el número de pandillas y de pandilleros así como su organización, a tal punto de convertirse en un tema central de las políticas públicas y de los medios de comunicación. No es una realidad de un lugar sino un fenómeno planetario: Río de Janeiro, El Salvador, Ciudad del Cabo, los EEUU, Europa, África o Filipinas. Sin embargo, esta difusión tiene dos expresiones: la diversidad de pandillas (las de Río de Janeiro son distintas a las de Medellín) y la integración de las mismas (Maras de aquí con las de allá), lo cual debe romper con políticas homogéneas y a desarrollar cooperación internacional. Hoy el fenómeno es diferente no solo por el contexto sino también por sus nuevos componentes: tecnología, transnacionalización. Las fundaciones imprecisas, diferentes y, algunas veces, reiteradas (se fundan varias veces) conducen a la existencia de una mitología fundacional con identidades comunes y diversas. La base territorial local-barrial es superada por lo global-virtual: migración, nuevas tecnologías de la comunicación y apertura de mercados dan lugar a nuevas estrategias de los grupos de emigrantes juveniles, logrando lasos entre los lugares de origen y destino; lo cual significa que la pandilla que tiene origen en el control de su espacio inmediato termina transformándose en uno virtual.

Los jóvenes se hacen sentir por la tecnología, música, baile, deporte, grafiti, alcohol y persecución policial (asociación ilícita, actitud sospechosa), que trae desconcierto y los convierten en chivos expiatorios para aplicar iniciativas de mano dura e inmigratoria. Se visibilizan en el espacio público y la acción estigmatizadora de los medios, para convertirse en problema social que requiere acciones represivas.

Hoy se invoca la seguridad nacional en los países de destino y seguridad pública en los de destino, porque requieren de neoenemigos internos para sostener estas nuevas guerras. Los neoenemigos fundamentan las propuestas impulsadas en Centro América (migración) o en Río de Janeiro (antinarcóticos), fortalecido el lado violento de las pandillas. Sin embargo, aparecen intentos interesantes en Barcelona y Quito, donde la tónica es la inclusión y no la exclusión, rompiendo la lógica de que el primer contacto con el sistema legal es la Policía.

Hora GMT: 19/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Fernando Carrión M.

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