La voz habitada Jorge Dávila Vázquez
Comenzamos a hablar, en la entrega anterior, de La voz habitada, el libro que acaba de aparecer, publicado en coedición por Eskéletra y Ángel Editor. La obra de las autoras que colaboraron en el volumen fue ya brevemente comentada. Hoy diré unas pocas cosas sobre los escritores:
Carlos Garzón N. (Quito, 1972) alcanza, en Oficio del paria, momentos de deslumbrante lirismo. Ya en su poética identifica los trabajos del abandonado con las tareas de la poesía: "Es el inútil oficio del paria/ que, en silencio, remienda este poema".
Pero es Heráldica el texto que expresa de modo cabal la grandeza y la penuria del escritor: "¿Hacia qué miserables campos del honor/ nos aventuramos los poetas?", se pregunta, con esa desvalidez y al mismo tiempo ese toque "de gracia y de misterio", del que hablaba David Ledesma.
Xavier Oquendo T. (Ambato, 1972), en Nostalgia del día bueno, revela su faceta viajera, con sutileza y melancolía. Así descubre la nieve: "Me quedé absorto/ frente a los colores/ que danzan en su luz". Pero se siente también extraño en lugares, climas, distancias: "No hay sabor/ en estos nuevos sitios/ que se hielan".
Y el estupendo tomo se cierra con Espejo de altura, de Carlos Vallejo M. (Quito, 1973), la voz masculina más intensa del volumen. Lo sentimos en busca de la palabra poética, aunque esté consciente que "Quien sale/ se funde, otra vez/ en el espejismo". Esa fantasmagoría es la poesía, tan pronto "cántico de luciérnagas minerales", como "alarido que no cesa". Pero el momento más expresivo del proceso lírico lo hallamos en este breve texto: "Apartar lo blanco de la luz:/ ver sangrar/ al animal transparente". En realidad, el poeta está obligado a ir más allá de la apariencia; su sino es descubrir y transmitir el misterio, la raíz de los seres y las cosas. Hermosa lección de vida y de producción de discursos poéticos este libro, que, entre otras cosas, confirma la realidad de nuestra gran literatura joven.
Hora GMT: 27/Septiembre/2008 - 05:07
