Por Federico María Sanfelíu
sanfe@hoy.com.ec
Según los observadores en el país más pobre de América Latina, el terremoto ha puesto al descubierto lo que todo el mundo sabía: que sus 9 millones de habitantes hace años que no tienen quienes efectivamente les gobiernen y lideren su salida de la pobreza.
El desorden y el caos reinan en el país mucho antes de que el terremoto hayan sepultado cualquier sombra de un poder efectivo.
En este escenario, se ha dado un sismo con mayor potencia destructiva que una bomba atómica y los sobrevivientes andan de un lado para otro, sin rumbo, presas de un pánico irracional. Añádase el dolor de la desaparición de los referentes familiares y barriales, la esperanza de poder recuperar a los desaparecidos bajo los escombros y se entenderá que a la incalculable cifra de muertos y desaparecidos hay que añadir una enorme multitud de enfermos psicológicos profundos que necesitan urgente ayuda para recobrar la calma, superar el dolor y poder ser ayudados como lo necesitan.
Los abundantes heridos de todas clases necesitan urgentes atenciones médicas, además de operaciones, medicamentos, atenciones sanitarias, hospitales de campaña, etc. Y contar con el personal especializado que los atienda.
Los sobrevivientes tienen hambre, sed y requieren de un techo y un sueño reparador. Tampoco es seguro que las primeras comidas que reciban les sienten bien. La disentería y otras enfermedades gastrointestinales pueden deshidratar y matar a los hambrientos convulsivos que, por fin, saciarían su necesidad.
Si miramos hacia el cielo en espera de la ayuda humanitaria que está volcándose, nos encontramos que el aeropuerto de la capital tiene destruida la torre de mando, no hay personal competente para dirigir las operaciones. Pocos aviones pueden aterrizar con sus preciosos equipos médicos, con alimentos y el personal especializado que es la ayuda humana que se necesita de urgencia. Y si han de llegar por la vecina República Dominicana, hay que contar con los riesgos de utilizar una red vial deficiente, totalmente destrozada en el área de la tragedia. No es fácil llegar hasta los siniestrados, tampoco tienen los medios para una ayuda eficaz por falta de organización. Los cascos azules de la ONU que llevan años allá tampoco están en capacidad inmediata de ser muy eficaces. Han sufrido también el trauma del sismo y la desaparición de parte de sus miembros.
Habría que contar con una autoridad reconocida, hábil e ingeniosa para poder llegar a los damnificados y serles útiles. Es preciso crear los elementos de orden básicos para ello. Tres verbos parece que hay que saber conjugar: llegar, organizar y priorizar. Cosa nada fácil en la situación descrita, ya que se trata de soberanía, relaciones entre Estados
¿No estamos descubriendo que hay que reinventar la ONU?
Hora GMT: 18/Enero/2010 - 05:04
