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Odio los libros: un fenómeno

Publicado el 18/Abril/2009 | 00:10

Por Jorge Dávila

Verdad es que en estos últimos años se ha dado un gran desarrollo de la literatura infanto-juvenil, gracias al aporte de numerosos escritores, bastante heterogéneos, por cierto. Pero, dentro de esa producción hay nombres y autores que, a la hora de los inventarios, es preciso tener presentes.

Es el caso de Odio los libros (Libresa, Quito), la encantadora novelita de Soledad Córdova, que marca uno de los hitos en el campo que nos ocupa. Publicada por primera vez en 1999, ha alcanzado, en 10 años, 14 reimpresiones, y alrededor de cien mil ejemplares, devorados no solo por adolescentes, sino también por padres, maestros y lectores en general.

Frente a un caso como este, que alegra a quienes hacemos o admiramos la literatura, surge la interrogación: ¿cuál es el secreto de su éxito? Naturalmente, no hay recetas en el mundo del arte, pero vale la pena una relectura del libro, para tratar de hallar una respuesta, unos factores que quizás contribuyeron a su triunfo. Y hallamos, primero, la forma en que Soledad desarrolla la narración, con una frescura, una falta total de prejuicios en torno a la expresión coloquial, que vuelve cercano y cálido el discurso literario. Segundo, la acertada creación de los personajes: Miguel es el chiquillo inteligente, rebelde, el pequeño azote que todos conocemos y que los profesores, en especial los de viejo estilo, tiemblan. El abuelo, presencia sólida, que contribuye de modo decisivo al encuentro del protagonista con la magia de la lectura. La maestra de lenguaje, tan odiosa, como ciertos docentes que disecan la fascinación de lo literario, reduciéndolo a fríos análisis. Y la bruja que la sustituye y transforma todo con su toque inefable, como diciéndonos que un acto de comprensión cambia la realidad y hace del arte un sitio de encuentro.

Hora GMT: 18/Abril/2009 - 05:10

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