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Nuevos liderazgos

Publicado el 01/Julio/2009 | 10:43

Por Bernardo Tobar Carrión

La revolución ciudadana ha puesto en evidencia la orfandad política de nuestra sociedad. El juego democrático exige la permanente confrontación de ideas, el debate, poner sobre la mesa las cartas de una baraja alternativamente repartida. De momento, el Gobierno juega solitario; es dueño de las cartas y se las parte y reparte a su conveniencia: un as de Aromo por aquí, un póker de Albas por acá, escaleras de curules, la flor real de las cortes de Justicia, todos los comodines del presupuesto fiscal, en sucesión de manos expertas en el manejo del nuevo mazo constituyente.

En este nuevo número de nuestra democracia teatral, solo se oyen aplausos, en parte porque el público crítico es rápidamente desalojado del escenario, poco apto para periodistas, y las protestas ya casi no se transmiten -el Circo se adueña de todas las cámaras-. Los empresarios en su gran mayoría se han acomodado en sus asientos, y algunos de ellos fingen seguir el juego divertidos; no es buen negocio incomodar al tahúr, no es pragmático. Y, mientras tanto, algunos que tanto contribuyeron a parar el actual escenario y fueron parte de los plenos y mágicos poderes toman distancia, empiezan a construir su plataforma de oposición, critican, denuncian, insultan, quieren estar bien posicionados cuando cambie el dueño del Circo.

Afuera, sin embargo, hay gente que no tiene asiento ni se divierte. Apenas un tercio de la audiencia potencial compró boleto para la última función. No es digno vivir de caridad estatal ni carecer de empleo, opción cada vez más remota. Nadie les ofrece una alternativa que no sea ideológica -modelo de vida impuesto por iluminados- o pragmática -bonito eufemismo para desnudar de valores a las cosas importantes de la vida-. ¿Dónde está el reconocimiento al potencial y a la dignidad de la persona, destinada a ser dueña de su propio destino?

Desde la década del setenta, vivimos atrapados en ideologías de uno u otro signo y pragmatismos -el populismo es la más pragmática forma de hacer política-; el socialismo del siglo XXI o las nuevas formas de liberalismo económico son dos caras opuestas de la misma moneda: formas de organización del Estado y la economía que un grupo de sabios pretende imponer a la gente. ¿Acaso tiene color político la dignidad sobrenatural de la persona humana? ¿Qué etiqueta ideológica le asignamos al poder de cada individuo para decidir su propio destino, plantearse sus metas y objetivos espirituales y terrenales? ¿Qué signo tienen la libertad individual y sus ramificaciones en todos los órdenes de la vida? ¿Es socialista o neoliberal quien aprovecha todos sus dones para multiplicar la riqueza o renunciar a todo para servir a los demás? ¿Es de izquierda o derecha una sociedad construida por personas libres, concientes y responsables de su potencial y destino?

Las ideologías pretenden usurparle al individuo el poder íntimo para perseguir su propio modelo de vida. Quien sepa reivindicarlo tendrá seguramente un nuevo espacio de liderazgo, todavía no ensayado.

btobar@hoy.com.ec

Hora GMT: 01/Julio/2009 - 15:43

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Comentarios

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  1. 1 Carlos desde - Nueva York

    Para muestra de que solo se sientan en la silla unos pocos, (Literal y figurativamente hablando) les cuento que cuando vino el Sr. Correa a Nueva York, me quedo claro que solamente invitaron al auditorio a gente afín y sumisos al gobierno. El público en general fue marginado y quedaron afuera del auditorio

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