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Noventa y ocho años

Publicado el 07/Marzo/2009 | 00:09

Por Alexandra Ayala Marín


alexayalama@hoy.com.ec

Desde que el mundo occidental celebra el Día Internacional de la Mujer, se cumplen 98 años. Es en 1911, año siguiente a la declaratoria del II Congreso de Mujeres Socialistas, en Copenhague, cuando por primera vez se festeja el 8 de marzo en casi todas las capitales europeas. Muchas mujeres trabajaban ya en fábricas textiles, principalmente, pero sufrían jornadas laborales de 10 o más horas, con salarios muy inferiores a los de los varones; el acceso a la educación era limitado y, en esas condiciones, la maternidad se vivía como castigo: ni guarderías ni licencias o permisos para lactancia; el derecho al sufragio era una de las utopías, pues tan solo Nueva Zelanda, Australia y Finlandia lo habían promulgado. Aquí, sin luchas, recién se había obtenido el acceso al empleo en el sector público y a la educación laica y gratuita.

Instaurar un día de la mujer trabajadora –que así se lo llamó- fue necesario para enrostrarle al resto de la humanidad la urgencia de reparar la injusticia e insistir en la igualdad entre los sexos (entonces no se hablaba de géneros). Desde allí, cambios ha habido, ventajosos. Un rápido balance, y quienes sostienen que ellas ya lo han conseguido todo, encontrarán razones para confirmarlo: en casi todas las legislaciones del mundo, no hay trabas para la educación, las mujeres trabajan y cada vez más hay más profesionales en todos los campos, empleadas o empresarias; tienen mayor libertad sexual, deciden matrimonio y maternidad después de haber iniciado su vida profesional, han llegado a la paridad en la representación política, hay mujeres gobernantes o en puestos de liderazgo, y varios etcéteras. Pero esto que es verdad, es también mentira: en primer lugar, no consideran las diferencias entre países desarrollados y los otros, ni las diferencias socioeconómicas entre personas, que inciden en la disparidad entre los géneros. Precisamente en época de crisis económica, que repercutirá en lo político y lo social, las mujeres serán, otra vez, las más afectadas.

Acaba de decirlo la OIT, con cifras que evidencian la desigualdad persistente. Nadie niega que entre los pobres del mundo, la mayoría tiene rostro femenino, y en crisis, se incrementan las restricciones en el acceso al empleo, bajan los salarios y sube ese 22% menos que ellas perciben con respecto a los hombres; crecerán los millones de jefas de hogar, sobre todo en América Latina, y su pobreza mayor repercutirá en la educación y la salud de sus hijos e hijas que, en muchísimos casos, tendrán que volver a trabajar, en detrimento de sus derechos, y se multiplicarán las cifras de comercio sexual y pornografía, sobre todo entre las niñas.

Entonces, una fecha de celebración vuelve a ser motivo de insistencia, frente a la necesidad de que los gobiernos no permitan que, en época de crisis, las brechas entre hombres y mujeres se profundicen, ni se vuelva a ver muy lejano el sueño de la igualdad, particularmente entre aquellas de sectores populares.

El Gobierno ecuatoriano no puede ser indiferente a este llamado. ¡Atención, mujeres!

Hora GMT: 07/Marzo/2009 - 05:09

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Comentarios

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  1. 1 María Elena Torres

    Discurso típico y repetitivo de cada 8 de marzo. Sí, sí ya sabemos y aunque se reitere y se reitere y se reitere. Las mujeres seguimos cumpliendo los mismos roles y a esta altura... enfrascarnos en una batalla de los sexos no tiene sentido. No se trata de pelear por la igualdad sino ejercerla. Ser reiterativo y cansón es estar al mismo nivel de los comunistas trasnochados del gobierno que recitan todos los días el mismo discurso combativo, ofensivo, aburrido que ni ellos se creen.
    No caigamos en lo mismo. No más discursos por el día de la mujer. No peleemos por los derechos, ejerzámoslos.

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