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"Non e vero, ma ben trovato"

Publicado el 03/Abril/2009 | 00:06

Por Marco Lara Guzmán


mvlaraguzman@hoy.com.ec

"No es cierto, pero está bien dicho" dicen los italianos. Esa parece ser la historia de nuestros días, aquí en nuestro Ecuador, también latino, también propenso a la declamación y a la lírica, a la frase brillante, adornada hasta lo barroco, dicha con aplomo y ademán apropiado, con aire de verdadera, aunque, a veces, en sus entrañas se retuerza, como sierpe a medio atar, la mentira.

La feroz banalidad que se impone en el Ecuador, como efecto nocivo de una educación cojitranca y tonta, dictada por pedagogos rimbombantes, llenos de innovaciones ridículas, y, también, como resultado de una infeliz penetración de productos televisivos que halagan a públicos paupérrimos, nos tiene en doble condición de pobreza intelectual. Una es la posibilidad, de que adolecen las masas, de tragar como agua las engañifas del Poder y las promesas de políticos enanos, siempre y cuando las cantaletas estén adobadas con sensiblerías y hasta con imposibles. Otra es la de una gran cantidad de dirigentes de todo orden que nadie sabe cómo son líderes si no tienen la posibilidad de hablar bien.

Eso nos lleva a hablar de la oratoria. Acaece que luego de la ausencia de los doctores Velasco Ibarra y Ponce Enríquez, para no hablar sino de dos ex presidentes, el escenario se quedó sin dos irremplazados gigantes de la oratoria. No es que otros no hayan hablado bien, sino que, con la mano en el pecho, debo decir yo, profesor de esa materia durante décadas, que la distancia que ellos alcanzaron se volvió sideral para muchos. Pero ese no es propiamente el asunto, sino el planteamiento de algunos que empezaron a despreciar la oratoria y a negar su culto y eficacia, con el mismo ademán de la zorra de la fábula que nunca pudo alcanzar las altas uvas que ambicionaba y se alejó orondamente alegando "no las quiero comer, no están maduras"… Decía Ortega y Gasset, el problema no consiste en tener una enfermedad, sino en ser la enfermedad.

La finalidad esencial de la oratoria es conquistar por el convencimiento. Es decir, como lo reclamó Unamuno, por medio de la razón. No se trata de levantar entusiasmos o adhesiones efímeras. El verdadero orador solo obtendrá auténtico triunfo si sus ideas son admitidas por quienes las vuelven suyas, íntima y arraigadamente suyas. Para convencer, lo dice Perogrullo, hay que decir cosas convincentes y solamente lo son las que están basadas en ideas y argumentos de solidez. Nadie puede presentarse al público a sostener algo, como dice el vulgo, por su linda cara, sino por la lógica armazón del razonar correcto. Solamente los cómicos, digan lo que digan, tienen asegurado su éxito en los tablados.

Pero no es solo la lógica lo que debe usar el orador, sino también la ética con su imperativo de decir siempre la verdad. No hace falta entrar a los complicados campos de la filosofía para definir lo que es la verdad. Baste decir que un orador no debe mentir deliberadamente, afirmando como cierto lo que sabe, a sabiendas, que es falso. Ahí es cuando cae eso de decir las cosas bien dichas, aunque sean mentira.

Hora GMT: 03/Abril/2009 - 05:06

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Tags : Marco Lara 



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Comentarios

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  1. 1 Juan Saenz desde - Rockford

    Efectivamente Camilo Ponce y Velasco Ibarra han sido dos magnificos oradores, pero seria bueno recordar que han habido otros de la misma talla como el Dr Jorge Salvador Lara y entre los religiosos el Padre Jorge Chacon, famoso profesor de literatura, oratoria etc, su discurso a la Estrella de Guayaquil
    hasta ahora es recordado en esa ciudad.

  2. 1 Juan Saenz desde - Rockford

    Efectivamente Camilo Ponce y Velasco Ibarra han sido dos magnificos oradores, pero seria bueno recordar que han habido otros de la misma talla como el Dr Jorge Salvador Lara y entre los religiosos el Padre Jorge Chacon, famoso profesor de literatura, oratoria etc, su discurso a la Estrella de Guayaquil
    hasta ahora es recordado en esa ciudad.

  3. 1 Rodrigo Montalvo desde - New York

    Excelente articulo de un insigne maestro ecuatoriano. Hasta ahora no puedo comprender como la estrechura mental privo a las nuevas generaciones de un preclaro educador al jubilarlo del San Gabriel.
    Coriales saludos para el compatriota Marco Lara.
    Rodrigo Montalvo.
    Desde EE.UU.

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