Por Rodrigo Tenorio Ambrossi
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Para los romanos, la paz solo podía mantenerse mediante un feroz armamentismo, de tal manera que ningún enemigo se atreva siquiera a insinuar el más mínimo ataque. En tiempos de Virgilio, la idea de la paz era una sueño bucólico de los poetas, y no servían mucho sus demandas a las musas a cantar cosas sublimes mientras se incendiaban las ciudades enemigas. Hoy, algunos poetas entonan himnos a Marte y a la cada vez más sofisticada tecnología de la muerte.
Merece el Premio Nobel de la Paz quien hace profesión incuestionable por la paz en sí misma, sin excepción, a tiempo completo. Quien lucha en contra de la guerra y de toda violencia. El que hace profesión de fe en contra de las armas. El presidente Obama sigue invirtiendo en armas, mantiene la guerra en varias naciones del mundo. Si bien es cierto que ha creado un discurso muy diferente al de su antecesor, sin embargo, buena parte del presupuesto de su nación, en grave crisis económica, está destinada a las armas. Por lo mismo, no merecía ahora este premio, sino cuando, contra viento y marea, se dedique a sembrar la paz en el mundo y a regarla día tras día. Cuando no guarde silencio ante la infamia de la compra de armas por parte de Gobiernos cuyos pueblos, en buena parte, aún viven en el subdesarrollo y la miseria. Cuando deje oír su voz de protesta ante aquellos Gobiernos que celebran, con buen champagne, la venta de armas absolutamente mortíferas precisamente a gobernantes de países oprimidos por el hambre. Cuando critique la celebración de las efemérides patrias con paradas militares.
La paz exige una posición incuestionable en contra del armamentismo. Hace años, psicólogos, psicoanalistas, antropólogos y otros iniciaron una batalla teórica y mediática en contra de la tradicional entrega de armas de juguete a los niños, armas sofisticadas, juguetes hechos a escala y destinados a producir cierto grado de placer al divertirse con el arte de matar. ¿Con qué cara seguir en esta campaña cuando nuestros presidentes invierten cifras descomunales de dinero en la compra de armas mientras miles de niños trabajan en la calle como estrategia de sobrevivencia familiar, mientras otros mueren por falta de atención médica oportuna y eficaz? ¿Cómo valorar esta campaña cuando, ahora, los presidentes se regalan aviones de guerra, aviones de verdad?
Se puede disentir sobre el Premio Nobel de Literatura otorgado a este o a aquel escritor. Total, de gustos y colores no discuten los doctores. Pero, en torno a la paz, las razones deberían ser siempre inequívocas. Es de esperar que el presidente Obama asuma el premio como un mandato a hacer de la paz su verdadera bandera de lucha personal, política e ideológica, sin ninguna clase de excepción. ¿Será esto posible cuando los Estados Unidos andan con el texto de los derechos humanos en la mano izquierda y en la derecha, el fusil?
Hora GMT: 13/Octubre/2009 - 05:06

13/Octubre/2009 a las 02:37
Don Rodrigo, o simplista o fanático. Analice todo el escenario. Quién era Obama, repito nuevamente. Ya no será un descamisado el que defiende sus ideas y no necesita más explicaciones.
13/Octubre/2009 a las 03:54
¡Qué vergüenza para Noruega y los miembros de ese politizado premio compuesto por un grupillo de vejetes lame rabos de los socialo-comunistas!
A usted puede o no gustarle Obama, pero si en algo estamos de acuerdo es que hay otras personas valiosísimas que están al servicio de la paz y de la humanidad sin pregonarlo, que merecían ser recompensados, pero en cambio: ¿Qué ha hecho Obama hasta ahora para merecer ese -ahora sí desprestigiado - galardón?
Como ayer les decía, en Aker Brigge, la pequeña plazoleta al pie del fiordo de Oslo se yergue el modesto inmueble adonde se celebra el reparto de ese premio en Oslo; desde hace un par de semanas hay una exposición que deberá permanecer hasta mediados de enero; me parecía desde ya triste presagio de que la Obamanía arrasaría también con el pobre discernimiento de los hombres encargados de decernir ese premio que se suponía debió ser para un promotor de la paz, y no para un guerrerista que sigue enviando drones y tropas a Afganistán, y a otros lugares del globo, para justificar su inmensa inversión en armas cada vez mas sofisticadas y mortíferas.
El silencio de Obama ante dictadores glotones como Chávez, Ahmadinejad, la matruska rusa compuesta por Putin y Meldevev; y todos los otros innombrables que se reúnen en ese nuevo club para tiranos organizado por Chávez, para auto-congraciarse entre ellos, debería ponernos las barbas en remojo, y entender de una vez por todas que ese nuevo mandatario es un inepto que deberá trabajar ahincadamente por la paz y la prosperidad, para demostrarnos lo que realmente vale.
Nota: Obama llevaba escasos 11 días en el Poder cuando fue nominado por su recua de aduladores.
13/Octubre/2009 a las 09:22
Wilma de acuerdo con su comentario, la ambigüedad del señor Obama exaspera, pero también concuerdo con: Antes que haga nada en la Presidencia de EEUU, Obama representa un cambio gigantesco. Él es el cambio; después se verá si hace que las cosas cambien; pero él ya es un cambio…EE.UU es el país más racista del planeta, elegir a un presidente de color, es de veras un gesto grande de paz de los gringos hacia el mundo y un buen ejemplo de madurez política. Por otro lado me parece inconcebible la nominación de la senadora colombiana Piedad Córdoba- alias Teodora de Bolívar- verdadera “canciller” de las farc; nominación dada, gracias a los petrodólares chavistas a través de “amigos” argentinos, que desconocen por completo la realidad colombiana; cuya nominación se configura en una verdadera burla al dolor de miles de colombianos que viven el flagelo del secuestro; y a quienes les “toca” utilizar los “buenos oficios” de la mencionada senadora -dándole relevancia política- por orden de las farc. Personalmente, de los dos males, me quedo con el menos peor.