La columna del padre Roberto
Por Roberto Fernández
rofer@hoy.com.ec
Inclusive para los historiadores más avezados resulta imposible predecir el futuro. Es que son infinitas las variables que entran en el juego de la historia. Por una parte, las decisiones que toman los seres humanos dependen de su inteligencia, de sus pasiones, de su grado de educación, de su fe religiosa y de su cosmovisión. Por otra parte, estos seres humanos reciben la influencia de acontecimientos que dependen de las ciencias, la tecnología, los ciclos económicos, la demografía, las migraciones a gran escala, el cambio climático, el Zeitgeist, y muchas imprevisibles circunstancias que nos sorprenden cuando se conjugan en momentos como los actuales en que todos hablan de una crisis cuya dimensión real todavía no se aprecia en su totalidad y peor aun sus consecuencias en tiempo real.
Sin embargo, pueden resultar predecibles las consecuencias que tendrán ciertas opciones que se están tomando. No hay que ser adivino para saber que alguien no puede cosechar, sencillamente porque no ha sembrado. De igual manera, si lo que percibimos desde hace ya bastante tiempo es que existe una excesiva siembra de inquietudes sociales, habrá que deducir que su fermentación puede desembocar en la pérdida de esa paz que San Agustín definía como el "descanso en el orden".
El exceso de propaganda del Régimen, la opacidad de algunos funcionarios, la confusión permanente y demagógica entre los conceptos de masa y pueblo, la pérdida de peso institucional, el menosprecio de las organizaciones populares y de su larga trayectoria y mérito social, la crítica irracional a los medios de comunicación, el autoritarismo, la prepotencia y el ampararse en latentes amenazas plebiscitarias más que en las leyes, todo eso es preludio de totalitarismo y, si no queremos ser como borregos llevados al matadero, hay que pararlo a tiempo pensando muy bien en lo que haremos, como pueblo, en las próximas elecciones de la nación.
Como creyentes nos preocupa de verdad el estado actual de todas estas cosas y además está la obligación moral, desde nuestra condición de ciudadanos, de fortalecer nuestra sociedad y su democracia. Esta no puede existir sin pluralismo y sin partidos políticos y estos no se pueden dar sin ideas, sin convicciones ni sin personas capaces de sostenerlas.
Más allá del oportunismo electoralista de la circunstancia actual, hay que pensar y decidir cómo se hay que organizar no solo para sobrevivir, sino para dar frutos de progreso político, económico y social.
En la vida republicana, ningún Gobierno puede acaparar toda la verdad. De ahí que necesite una oposición a la que debe respetar y cederle la palabra para que el pueblo pueda decidir, después de contrastar, en igualdad de oportunidades, por dónde se quiere enrumbar. Lo otro solo lleva al totalitarismo, algo que ya vimos fracasar, tanto en el comunismo como en el fascismo, y que no podemos descuidar.
Hora GMT: 07/Febrero/2009 - 05:12

07/Febrero/2009 a las 12:13
Con una prosa vivificante y culta, el padre Roberto alerta sobre un sunami que ya la humanidad ha experimentado por desgracia. El totalitarismo es un virus mutante y puede colarse en cualquier angulo, ya sea a la extrema derecha o izquierda. Sus resultados siempre fueron y han sido funestos. En Cuba hace medio siglo se instauro y vean lo que acaba de escribirle valientemente el padre cubano Jose Conrado Rguez al gobernante Raul Castro.."Tenemos que tener la enorme valentia de reconocer que en nuestra patria hay una violacion constante y no justificable de los derechos humanos" Que Dios salve al bello Ecuador de semejante tragedia...