Por Federico María Sanfelíu
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La fiesta de Navidad es una celebración de la comunidad creyente en Jesús, recordando su nacimiento. Creemos que Dios emprendió el camino de la humanización y Jesús nos fue revelando quién es Dios, quién es el hombre, hacia dónde camina la humanidad y su historia. Densos conceptos, motivos para llenar de alegría esta fechas.
Celebrar la Navidad es recordar su nacimiento en pobreza, sometido a las leyes romanas, ante la ignorancia de las autoridades religiosas y del pueblo de Israel. Se presentan felices y generosos a los denigrados pastores, avisados por ángeles con un mensaje de paz a los hombres, de esperanza para la humanidad. Belén tiene tanto significado que hizo que el famoso K. Rahner, escribiera: "Cuando al pobre corazón le parece que lo que anuncia la Navidad es demasiado bello para ser verdad, entonces la voz del corazón debe atender con más urgencia al mensaje del Niño que ha nacido hoy".
Esta fiesta fue extendida desde los nacimientos vivientes de Francisco de Asís, en el siglo XII, y llega hasta nuestros nacimientos familiares con sus novenas, pases del niño, etc. Una experiencia de fe que perdura en la Iglesia y la familia hasta nuestros días.
Pero creyentes o no, vivimos en pleno siglo XXI. La influencia de los Estados Unidos sobre nuestras culturas, el consumismo y un agnosticismo práctico van imponiendo por mimetismo y estrategia sus valores y costumbres, principalmente mercantiles y económicas: la búsqueda del dios dinero, el éxito a pedir de boca, la moda que nos satura de necesidades inútiles.
En fin, coexistimos con un sutil neopaganismo en el que aparece la figura de Papá Noel, para dar consistencia y realidad a los gastos de diciembre y primero de año y se le vende lleno de promesas de felicidad, que pronto van a ser defraudadas.
Con Papá Noel se opaca la fiesta cristiana hasta suplantarla y suprimirla. El planeta celebra ahora a un Noel vacío y gastador y desconoce a un Jesús amable y sencillo que nos compromete con los demás para que tengan vida, paz, justicia, solidaridad. Esa transmutación de valores y de ofertas de felicidad -Jesús, Papá Noel- es la que hace que nuestra sociedad quede vacía al final de las fiestas y dude de todo.
De otro modo suena la vida de los creyentes: "Me gustaría que alguien contase el día de mi muerte, que traté de vivir el servicio al prójimo, que traté de amar a alguien. Ese día quiero que puedan decir que traté de ser justo y que quise caminar junto a los que actuaban con justicia, que puse mi empeño en dar de comer al hambriento, vestir al desnudo. Todo lo que quiero dejar a mi partida es una vida de entrega".
¿De quién aprendió Martín Luther King el compromiso de su vida plena? ¿Lo oyó de Papá Noel? ¿Ante quién celebró sus Navidades y a quién siguió?
Hora GMT: 28/Diciembre/2009 - 05:08
