Opinión de HOY
La historia es bastante conocida y se repite. Las denuncias de corrupción, algunas de las cuales escandalizan en su momento a la opinión pública y ocupan amplio espacios en los medios de comunicación y las conversaciones ciudadanas, terminan casi por desaparecer de la atención colectiva cuando pasan a conocimiento de la justicia y se sujetan allà a un proceso marcado por la lentitud. Finalmente, la impunidad es la mayor debilidad en el combate contra la corrupción.
Un informe de la ContralorÃa, difundido ayer por diario El Comercio, señala que de 976 denuncias de corrupción entre 2007 y 2012 en más de 50 entidades públicas, apenas el 2,2% ha terminado en sentencia condenatoria y el 40% se halla en etapa de indagación previa en manos de las FiscalÃa.
Después del fugaz mandato de Abdalá Bucaram, se creó en marzo de 1997 la Comisión de Control CÃvico de la Corrupción, que tuvo vida hasta octubre de 2008, cuando entró en vigencia la Constitución de Montecristi en la que esa Comisión desapareció al integrase al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social. A diferencias de este organismo que no ha hecho nada para el combate contra la corrupción, la anterior Comisión Anticorrupción realizó una meritoria labor para investigar centenares de denuncias e corrupción; sin embargo, pocos casos se resolvieron en el ámbito judicial y terminaron con una sentencia.
La falta de una justicia confiable e independiente que proceda a su debido tiempo sigue siendo suelo abonado para la impunidad.
Entre los 976 casos que señala la ContralorÃa, muchos de los más sonados se han topado con una evidente lentitud de la FiscalÃa, como en el de la valija diplomática en el que, a pesar de que ha transcurrido casi un año de la captura de la droga en ella por la PolicÃa italiana, no hay procesado alguno en el paÃs, cuando en Italia al menos tres de los cinco detenidos recibieron ya sentencia condenatoria.
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