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Muerte en la calle "J"

Publicado el 07/Julio/2008 | 00:00

Al filo de la medianoche del pasado 7 de junio, dos hombres cruzaban por el parque y otro encendía una fogata, de pronto se produjo una reyerta y se escucharon disparos.

Una noche de junio se tiñe de sangre en barrio Solanda

Una mujer dijo haber visto la pelea desde la ventana del segundo piso de su casa y contó haber oído disparos...





En el parque Alto, de Solanda, a pocos metros de su casa, hallo la muerte el ciudadano Jaime Torres Campoverde

Eran pasadas las 23:00 del 7 de junio anterior, cuando Jaime Torres Campoverde y su primo Marco Granja salieron de una casa ubicada en Solanda (al sur de Quito), a comprar licor en una tienda de la vecindad. En el trayecto se cruzaron con un hombre que quemaba basura en el parque del sector, con quien mantuvieron un enfrentamiento verbal y se produjo una pelea.

En un instante, Torres y el hombre del parque se trenzaron a golpes, por lo que su primo corrió a la casa para pedir ayuda. Ese momento se sumó a la pelea un pariente político del hombre del parque, cuando de pronto se escucharon disparos y Torres rodó por el piso herido de muerte.

Una mujer que observó los hechos desde el ventanal de su casa contó en la Fiscalía que vio “pelear físicamente” a los dos hombres y que el otro también intervino. Ella declaró que reconoció a las tres personas y que escuchó dos disparos, pero no comentó nada sobre el arma homicida; también dijo haber visto al hombre del parque alejarse rápidamente del lugar hacia su domicilio.

De su parte, Marco Granja relató que al pasar con su primo por el parque, el hombre que quemaba la basura se los quedó mirando fijamente, quien al ser increpado por esa actitud sacó un arma de fuego para intimidarlos. En diálogo con este suplemento, sostuvo que apenas empezó la pelea fue a buscar ayuda y enseguida retornó con un amigo. Entonces vio que el hombre del parque disparaba a Jaime Torres y cómo este caía al piso sangrando.

Detrás de Granja llegó Danny Torres y se sumó a la gresca; durante la pelea, él fue golpeado en la cabeza con un objeto contundente (el corte tuvo una sutura de 10 puntos). Ese momento escucharon varios tiros y vieron que una joven de cabello corto tenía una pistola; los disparos hirieron al pariente del hombre del parque en una mano y el amigo de Marco Granja resultó herido en un hombro.

Al escuchar el escándalo, varios vecinos salieron de sus casas y se dirigieron al domicilio del hombre del parque con intenciones de agredirlo, pues lo acusaban de haber disparado a quemarropa a Jaime Torres.

La llegada de la Policía evitó un probable linchamiento. Asimismo, varios efectivos llevaron al herido al Hospital del Sur, donde se confirmó su muerte.

El presunto autor del crimen y su pariente fueron detenidos. El hombre del parque era un policía en su día libre. (AA/VG)

Testimonios

Danny Torres, hermano del fallecido

Danny Torres, hermano del fallecido, contó en la Fiscalía que al salir de su domicilio vio al policía Stalin Armijos y supuso que él había disparado. "Salí corriendo a cogerle hasta alcanzarle y peleamos", dijo. Agregó que se escucharon disparos y observó que el oficial portaba un arma (no la identificó) y que se retiraba a su domicilio. Torres dijo haberse acercado a su hermano y lo recostó en su pecho, creyó que estaba inconsciente por la herida y que viviría. (VG/AA)

Marco Granja, acompañante de Torres

Fue con Jaime Torres a comprar licor en la vecindad. Entre otras cosas dijo en la Fiscalía que el policía Stalin Armijos había tenido problemas anteriores con su primo. En la Policía Judicial, Granja manifestó que al cruzar el parque, el policía (vestía de civil porque estaba en su día libre) los quedó mirando fijamente ante lo que él le increpó "¿qué pasa?" y en ese momento el oficial sacó un arma para intimidarlos. Luego el policía empezó a pelear con su primo, escuchó un disparo y cayó herido... (AA/VG)


Una sobrina del policía irrumpe en la escena con un arma de fuego

La prueba de parafina practicada por miembros del Departamento de Criminalística dio positivo en la mano derecha de la joven de 15 años

Según la versión de Marco Granja, mientras continuaba la pelea y momentos después de que su primo Jaime Torres cayera herido, observó que una joven de cabello corto, de baja estatura, tenía en su poder un arma de fuego.

En la pelea estaban Granja, un amigo suyo, el policía Stalin Armijos, su pariente y Danny Torres, según se infiere de esta versión.

Entonces apareció una joven que vestía una chompa celeste y jeans, quien realizó dos disparos. Supuestamente intentaba separar a los violentos, pero como esto no ocurría realizó otros disparos, producto de lo cual resultaron heridos el familiar del policía y el amigo de Granja.

En el parte policial, sobre estos hechos consta que moradores del sector indicaron que Armijos no fue la única persona que hizo disparos y que también disparó su sobrina de 15 años.

La joven estaba en la casa de su tío cuando la Policía acudió al lugar. Inicialmente, ella fue llevada a la prevención de la Policía Judicial y posteriormente fue puesta a órdenes de la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapén).

El análisis químico de parafina, realizado por oficiales del Departamento de Criminalística de la Policía Judicial (PJ), dio positivo en la mano derecha de la menor y negativo en la izquierda. (VG/AA)

"Familia del occiso y testigo piden protección policial"





La viuda, Maritza Piña, asegura que ha recibido amenazas por teléfono para que deje de impulsar la investigación por la muerte de su esposo

EL principal implicado aseguró que estaba en la puerta de su casa cuando hubo dos detonaciones en el parque

La viuda de Jaime Torres, Maritza Piña, cuenta que al oír los disparos corrió a ver a su esposo y lo encontró tirado en el piso. “Desesperada le grité a Stalin Armijos mátame a mí y él me respondió ya maté a tu marido”, cuenta.

Torres dejó dos hijos, de 4 y 11 años. La noche del suceso festejaban la primera comunión del mayor de los niños.

El martes siguiente a la muerte de su marido, el padre de Maritza, quien había viajado desde Machala, la trasladó con los niños a vivir en una casa al norte de Quito.

La mujer narra que llegaron de noche a la nueva casa y que el vehículo en que se movilizaban desapareció en el lapso que ellos demoraron en subir al tercer piso de la edificación. Mientras tanto, en su casa de Solanda alguien destruyó la puerta de hierro de la entrada y mató a la perra rottwiller de la familia.

Maritza también dice que ha recibido llamadas telefónicas en las que una voz masculina le amenaza para que desista de continuar las investigaciones. Las llamadas están grabadas en su teléfono celular y se habrían realizado desde diferentes cabinas, según indagaciones.

Por esto, la viuda, los familiares de Jaime Torres y la testigo que relató haber visto la pelea desde su casa (dice que en las noches recibe llamadas amenazantes) han pedido protección policial. También presentaron denuncias en contra del policía Stalin Armijos, en el Ministerio de Gobierno y en la Comandancia de Policía.

Asimismo, el abogado de la familia, Washington Gruezo, pidió que la Policía inicie un sumario administrativo para dar de baja al policía implicado, en el marco del debido proceso.

El policía tiene su versión





Domicilio del policía Stalin Armijos, en Solanda. Desde aquí fue llevado a la Policía Judicial. La casa fue desocupada después del suceso

El subteniente Stalin Armijos dio su primera versión en la Fiscalía el 10 de junio pasado, dos días después que los familiares del fallecido.

El oficial relató que alrededor de las 22:30 del pasado 7 de junio, desde el balcón de su casa vio a un grupo de personas (entre ocho y 10) libando y a dos policías que sacaban del lugar a una menor. Entonces salió y se acercó a los uniformados para pedirles que hicieran retirar al resto de gente.

Cuando el parque estuvo libre sacó a su mascota a hacer las necesidades en compañía de su hijo de 14 meses de edad y de un sobrino político de 12 años. “Al notar que los libadores habían dejado basura en el lugar le pedí a mi sobrino que trajera una escoba y fósforos, y procedí a barrer el parque mientras mi mascota hacía sus necesidades”, manifestó.

Según Armijos, ese momento notó que regresaban los libadores, pero esta vez el grupo era más grande: “Lo formaban de 20 a 30 personas”, contó.

Al mismo tiempo, notó que del pasaje donde se había reunido el grupo de libadores salieron dos hombres que iban a comprar y uno de ellos (Marco Granja) empezó a insultarlo mientras lo incitaba a pelear.

De acuerdo a la versión del policía, el otro hombre (Jaime Torres) tomó del brazo a Granja y se lo llevó por el pasaje, pero un minuto después salieron cinco personas a insultarlo y al llegar a una casa de la zona que está en construcción, dos de ellos tomaron maderos con la intención de agredirlo.

Añadió que su cuñado fue en su ayuda y que él aprovechó para ir a la casa. En la puerta fue golpeado por un hombre que lo había seguido, a quien “inmovilizó porque estaba en estado etílico”. Al oír los disparos en el parque, ambos acudieron a ese lugar. “Vi a mi cuñado salir de en medio del grupo de personas sangrando por su cabeza y su mano... dijo que alguien había disparado”. (AA/VG)

"Ellos querían quemarme"

Pariente del oficial dice que acudió en su ayuda





El cuñado del Policía también vive en el sector donde ocurrieron los hechos. Ante el fiscal manifestó que desde su casa vio que Armijos estaba a punto de ser agredido con palos y tablas por cuatro personas que lo insultaban.

“Yo bajé a ver qué pasaba con mi cuñado y agredí al que estaba más cercano a mí porque ellos nos agredieron primero”, añadió en su versión.

Luego contó que le dieron treS tablazos y cayó al suelo, donde le siguieron golpeando. Entonces sintió que lo arrastraban hacia una fogata y oyó que Jaime Torres decía “quemémosle a este hijo de puta”. Dijo que en ese momento escuchó dos detonaciones pero no sabía de qué se trataba. Entonces sus agresores dejaron de jalonearlo y él se retiró del lugar. De pronto notó que estaba herido y entró a la casa con su cuñado.

Agregó que desde dentro de la casa vio el cuerpo de una persona tendido en el piso del parque, “y se veía que estaban 25 o 30 personas alrededor”. Asimismo, sostuvo que su cuñado llamó a la Policía. (AA/VG)

¿El arma estuvo todo el tiempo en la PJ?

En la habitación del policía se hallaba su padre, quien presentaba signos de cansancio...





Un arma similar a la de la foto habría sido utilizada para dar muerte a Jaime Torres. El Departamento de Criminalística de la PJ dará su informe en estos días

La bala penetró en el cuerpo de Jaime Torres por el lado izquierdo del tronco y “caminó” hacia arriba lacerando un pulmón y el corazón.

Según el protocolo de autopsia, la causa de la muerte fue una “hemorragia aguda interna, laceración del pulmón izquierdo, penetración del corazón por el paso y salida del proyectil”.

El teniente Guillermo Vera, de la Unidad de Vigilancia Sur, indicó en el parte policial que Stalin Armijos le manifestó que el arma de dotación a su cargo estaba en la Policía Judicial (PJ) y que no la tenía cuando se produjo el suceso.

Para verificar lo indicado, Vera se dirigió con el implicado y otros oficiales a la habitación del policía, en el séptimo piso de la PJ. Al llegar encontraron la puerta abierta y un hombre “con síntomas de cansancio”, quien se identificó como el padre del subteniente Stalin Armijos. Al abrir el cajón de un mueble hallaron la pistola.

Actualmente está por salir el informe de balística que determinará si las balas salieron o no del arma de Armijos, quien dio negativo en la prueba de parafina, a diferencia de su pariente que dio positivo.





La Fiscalía pidió la prisión preventiva del oficial y de su cuñado pero el juez n.° 13 de lo Penal, Antonio Guerrero, los excarceló a condición de que se presenten cada jueves en su despacho.

Por ahora, el oficial se mantiene en funciones, mientras la oficina de Asuntos Internos de la PJ abrió la investigación correspondiente. (AA/VG)

Los casos de agresiones se cuentan por millares

Las estadísticas de la Cedhu dan cuenta de que la violencia policial no cede. Una comisión investiga





Año 2003: cuerpos de dos personas acribilladas por la Policía en un operativo en una farmacia Fybeca de Guayaquil; también hubo tres desaparecidos

Una estadística de la Comisión Ecuménica de los Derechos Humanos (Cedhu) registra 70 casos de violaciones a los derechos humanos cometidas por policías en 2007.

Los miembros de esa institución se vieron involucrados en 13 homicidios, 17 torturas y 40 agresiones físicas a civiles desarmados (ver cuadro).

La cifra es significativamente menor a lo ocurrido en 2006, cuando la Cedhu documentó un total de 1 928 casos divididos entre nueve homicidios, 36 torturas y 1 883 agresiones físicas.

En 2005 hubo 689 denuncias en la Comisión: 33 homicidios, 22 casos de tortura y 634 agresiones físicas.

Actualmente, la Comisión de la Verdad investiga casos de violaciones a los DDHH, especialmente los ocurridos en el período 1984-1988. (VG/AA)

PUNTO DE VISTA

Más allá de un hecho de sangre

La presente edición de BLANCO Y NEGRO relata el caso, aún sin esclarecer, de la muerte de un ciudadano civil a manos, supuestamente, de un miembro de la Policía Nacional en un barrio al sur de Quito.

El suceso se presta para varias lecturas.

En primer término está el hecho de las constantes denuncias presentadas por miembros de la sociedad en contra de integrantes del organismo policial. Solo en 2006, la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (Cedhu) documentó 1 928 casos, entre homicidios, torturas y agresiones físicas.

La cifra resulta preocupante porque denota una tendencia al uso excesivo de la fuerza por parte de quienes, se supone, tienen la obligación de velar por el orden y proteger a los ciudadanos.

Adicionalmente está el fenómeno de la tenencia de armas por parte de la población. En el presente caso se menciona a una menor que estaría involucrada en los hechos. Cifras recientes reveladas por la prensa dan cuenta de que en buena parte de los delitos cometidos en el país se utilizan armas de fuego elaboradas en el Ecuador. Cabe preguntarse, entonces, si los controles que deben existir para la adquisición y manejo de este tipo de elementos están cumpliendo con su cometido.

Por otro lado, se destaca en el hecho de violencia relatado en este suplemento la presencia del alcohol como uno de los detonantes de los sucesos, aparte de supuestas animadversiones personales previas.

El detalle, lejos de ser anecdótico, refleja la constante presencia del licor, con todos sus efectos negativos, en el entramado social ecuatoriano.

No en vano, un estudio de Ipsa Group ubica a los licores en el tercer lugar de preferencias de los ecuatorianos entre las bebidas, con un 22,7%. Además, estadísticas muestran un consumo a edades cada vez más tempranas. (LAG)

Hora GMT: 07/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito

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