Claudio Malo González
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1"Y a Adán le dijo: por cuanto has escuchado la voz de tu mujer y comido del árbol que te mandé no comieses, maldita sea la tierra por tu causa. Con grandes fatigas sacarás de ella el alimento, en todo el discurso de tu vida" Génesis cap. 3 vers. 17.
2Una versión popular moderna de estas enseñanzas está en un movido merengue: "A mí me llaman el negrito del Batey/ Porque el trabajo es para mí un enemigo/ El trabajar yo se lo dejo todo al buey/ Porque el trabajo lo hizo Dios como un castigo/ A mí me gusta el merengue apambichao/ Con una negra retrechera y buena moza…"
3Siempre me he preguntado si trabajar es un castigo, en cuyo caso el mérito sería no hacer nada, la vagancia sería la felicidad y la pereza una gran virtud, en cuyo caso no hay razón para que se la coloque entre los siete pecados capitales. Peor aún lo que nos decían en las prédicas: la pereza es la madre de todos los vicios.
4Si taita Dios nos hizo creativos, trabajar es una forma de poner en práctica esa creatividad y hacer honor a la condición de cocreadores por cuanto, para bien o para mal, hemos cambiado al mundo y nuestras vidas se desarrollan en medio de una realidad que, en buena medida, nosotros la hemos hecho y queremos seguirla haciendo.
5Cuando en mi lejana época de colegial leí el Lazarillo de Tormes me impresionó el capítulo tres cuando este personaje de la picaresca se incorpora a su tercer amo: un noble en joda que, según la usanza de la época, consideraba el trabajo como propio de gente de baja ralea. Las penurias por las que pasaron amo y servidor se justificaban para guardar las apariencias ya que el trabajo era indigno de los nobles.
6A no ser que se den despiadadas formas de explotación, hijas perversas de la perversa codicia, el trabajo, además de proporcionarnos las guitas, es placentero. Si en la vida toca trabajar en lo que a uno le gusta, es mejor que sacarse la lotería. ¿Qué más se podría pedir a la vida?
7Uña y carne del trabajo es el ocio –no la ociosidad- que pone su cuota de placer en la vida. Se disfruta del ocio haciendo lo que deseamos sin las restricciones de horarios ni las normas restringentes del trabajo. Hago lo que me gusta porque me gusta en los espacios que el trabajo deja a nuestro arbitrio.
8No puede existir ocio sin trabajo ni trabajo sin ocio. Una de las mejores dádivas del trabajo es el disfrute del ocio, para lo que no se necesita contar con millones que con frecuencia generan úlceras. El mejor condimento del ocio es el disfrute de la libertad sin tensiones ni presiones. Hay que aprender a gozar del ocio.
9Bien está que se celebre el día del trabajo, pero sería igualmente importante que se celebre el del ocio.
Autor: Claudio Malo - Ciudad Quito
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