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Motepillo

Publicado el 21/Agosto/2008 | 00:00

Sin pena ni gloria es una expresión que se usa cuando las expectativas quedan a mucha distancia, lo que es aplicable al deporte. Con gloria y sin pena se podría aplicar cuando ocurre lo contrario, pero también es posible usar la expresión con gloria y con pena.

Creo que es aplicable esta última a Jefferson Pérez al culminar su deslumbrante carrera deportiva. Entre las ventajas que ofrece el deporte está la de no tomar en consideración el origen pelucón o proletario, sino condiciones físicas y sobre todo una imbatible fuerza de voluntad.

Anunció que su última competencia internacional sería la de Pekín, la cumplió a cabalidad entregando a su país la segunda medalla, esta vez de plata, en las olimpiadas mundiales. Parte del éxito deportivo radica en saber retirarse a tiempo, cuando aún queda energía para largo.

La opinión del público frente a estos éxitos es fugaz y veleidosa. El héroe de hoy puede convertirse en el antihéroe de mañana. Es preferible retirarse a que le retiren y dejar en la memoria por generaciones la imagen del éxito total. Uno de los problemas del éxito deportivo es lo que comúnmente llamamos "marearse", considerarse inmortal y perder la conciencia de las facturas que pasa el tiempo. Jefferson une a sus condiciones deportivas sensatez y equilibrio al retirarse pleno de gloria cuando, dicen los entendidos, le queda cuerda para largo.

Se retira en plena gloria con reconocimiento mundial. Además de las medallas olímpicas ha sido tres veces campeón del mundo, pasando a segundo plano sus distinciones nacionales y americanas. ¿La pena?, queda para nosotros que volveremos a soñar con triunfos mundiales deportivos, quien sabe cuando.

Se repite mucho, con frecuencia con ligereza, "cuando se quiere se puede". Nuestro campeón trasladó a la práctica esta afirmación. Debemos meditar que lo que ha ocurrido en el deporte puede darse en muchos ámbitos de la vida humana.

¿Cuándo tendremos un Jefferson Pérez de la política, de las finanzas, de la cultura? No lo sabemos, pero no es imposible. Si alguna lección nos deja Pérez es la d superar nuestro casi innato pesimismo al mostrarnos que si es posible. La caminata es parte de la vida y son muchos los caminos, pero tiene un alto costo y una mucho más alta recompensa. Si sólo quejándonos se solucionarían todos los problemas, seríamos los mejores del mundo en todos los campos.

Pensemos en su legado: nada es gratis en la vida. Sin envanecimiento, pensemos que todos podemos avanzar en lo que nos proponemos. Lo más cómodo es decir que los otros tienen la culpa de todo. Con la debida descontextualización, repetir la frase de Sartre: el infierno son los otros.

Hora GMT: 21/Agosto/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Claudio Malo González

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