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Motepillo

Publicado el 31/Julio/2008 | 00:00

Nadie deja su terruño para pasar peor, todo emigrante espera mejorar sus condiciones de vida. En algún lugar del África aparecieron nuestros primeros antecesores y hoy están regados en todo el planeta. Cambiar de lugar es propio de la condición humana, al margen de en qué condiciones se haga.

Cuando había tierras ociosas, los países hacían piruetas para atraer a los emigrantes que venían de Europa cuyas tierras estaban desgastadas. Los europeos llegaban a América por barcos y con pasaje solo de ida ya que su intención era hacer huesos viejos en este mundo nuevo.

Hoy los papeles han cambiado y los latinoamericanos hacen piruetas para llegar a Europa a realizar trabajos no atractivos para los europeos. La mano de obra barata sigue siendo un atractivo para los países que reciben emigrantes.

Hoy los europeos se han puesto chinchosos y han decidido fregar la paciencia a los emigrantes despapelados. Si se mira el caso con una visión legalista o leguleyesca, tienen razón. Pero la contribución en trabajo es enorme pues nadie se va para pasar en eternas vacaciones.

El chivo expiatorio frente a los reales o supuestos malos tratos a los emigrantes eran los Estados Unidos. Hoy, la Unión Europea les está robando el show.

La competencia entre estos conglomerados humanos ricachones ha hecho que Europa quiera quitarles a los gringos la condición de punching bag del Tercer Mundo.

En la Sierra estamos de vacaciones totales. ¡Que lindo no hacer nada! Era el anhelo luego de terminar el último examen, es decir sustituir el trabajo cargoso por la ociosidad. Para quien no es vago por naturaleza, este halago dura poco pues viene el aburrimiento.

El ocio no es hijo de la ociosidad, supone hacer algo liberado de los horarios y rutinas del trabajo o del estudio, pero hacerlo placenteramente para gozar y disfrutar de esta actividad.

Rainer María Rilke se refería al ocio como "El gozoso quehacer del no hacer".

Tenso y angustiante era leer un libro hasta la madrugada porque había que entregar un trabajo a algún profesor de colegio o universidad.

Pero nada angustiante pasarse en la cama de claro en claro leyendo una novela porque nos habíamos picado.

La libertad es el condumio del ocioso. No se trata de no hacer nada o hacer lo que le dé la regalada gana. Se trata de hacer algo en uso de la libertad y el disfrute de la libertad, al margen de lo que se haga, es la esencia del placer.

En plenas vacaciones tenemos la tarea de leer la nueva Constitución. ¿Disfrute gozoso del ocio? ¿Carga tediosa? Cada quien dirá al llegar a la última disposición transitoria.

Hora GMT: 31/Julio/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Claudio Malo González

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