Nuevamente nos hemos distinguido en el mundo, somos serios aspirantes a una medalla de oro en coima, palabra que se ha consagrado como término medio entre soborno, que tiene un sabor de estafa a alto nivel y propina que es una inocente donación por un servicio que va más allá del costo de lo usado.
Tendemos a asociar el término culto con alto nivel ético, aceptando como extravagancias de personas célebres algunos pecadillos de sus autores, de allí que hablar de cultura de la corrupción sería un contrasentido. Pero si entendemos cultura como formas de ser y actuar socialmente aceptadas, tiene pleno sentido.
Copiar en un examen, es un fraude, es decir un acto de corrupción en el que se engaña al profesor y al propio copión. La gran mayoría de los estudiantes no lo considera así y, con frecuencia, el que copia es considerado un pilas ya que se valora más el ingenio para hacer tonto al profesor que la estafa.
A propósito de copistas y copiones, esta práctica se ha modernizado e incorporado a la Internet. El rincón del vago.com ofrece al amigo del fraude monografías de todos los colores, olores y sabores para que cumplan los trabajos encomendados, de manera digital.
Con la coima ocurre algo parecido. Hacer correr aceite no se considera un acto de corrupción, sino de ingenio para evitarse la molestia de pagar una multa o acelerar el trámite de un proceso en una burocracia espesa y maloliente. No es raro que los actores hagan gala de su cara dura para cometer estos fraudes.
Con esta visión, se tiende a considerar corrupto al que recibe la coima y supervivo al que la da, cuando igual de delictuoso es dar y recibir. La tan alabada viveza criolla es una exaltación a la corrupción y parte de ella es la coima.
Es frecuente que en este proceso de toma y daca mucha gente se hace de la vista gorda. No sería raro que nuestro país ingrese a los que se encuentren en serio peligro de la epidemia de obesidad, por lo menos visual.
La Cuaresma en el mundo católico es una época de reconocimiento de culpas, arrepentimiento y propósito de enmienda. No me extrañaría que la práctica de la coima no entre en el examen de conciencia, porque se cree que no es pecado, ni venial.
Una forma de solucionar este problema es legalizarlo y, mediante sabios reglamentos, establecer tarifas y montos según el tipo de gestión y cuantía de las multas. Daría lugar a sesudas discusiones de la Asamblea o, si se prefiere, a otro mandato.
Hora GMT: 07/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO Autor: Por Claudio Malo González
