Cuando una Asamblea Constituyente está en marcha, llueven los rumores bajo el justificativo he oído decir que. Los hechos se dan cuando los artículos pertinentes establecen tal o cual decisión y el texto está escrito con precisión, pues las palabras pueden dar lugar a variadas interpretaciones según los intereses de los intérpretes.
Se habla de un reordenamiento territorial del Ecuador en un número menor de unidades administrativas. Que se llamen regiones, provincias o estados es lo de menos. Ojalá se haga realidad, pues el número de provincias para tan pequeño y poco poblado país es excesivo.
Una de las peores herencias que dejó el ajusticiado Congreso Nacional fue la creación de dos provincias más. Si el sentido común dice que hay que reducir estas unidades políticas, aumentarlas es una práctica de sentido nada común.
Una cosa es ordenamiento territorial, otra desconcentración de poderes y otra descentralización. Un reordenamiento territorial bien llevado a cabo agilita la administración y el uso adecuado de recursos económicos, se disminuyen las quisquillas entre cantones y provincias y una unidad territorial mayor y más poblada tiene más peso en los planteamientos al Gobierno central.
La descentralización se fundamenta en el incremento de competencias de los entes políticos.
En lugar de que las decisiones las tome el Gobierno central, las puede hacer el gobierno seccional administrando los mismos recursos que se manejan desde la capital. La legitimidad de las autoridades seccionales nace de la elección popular y no importa si son afines o diferentes al Gobierno central, pues el respeto a las diferencias es esencial a una democracia.
El Gobierno central, para ejercer sus funciones, necesita sus extensiones en las provincias como gobernadores, jefes políticos, directores de salud y educación etc., pero su poder está legitimado por el libre nombramiento y remoción del Gobierno central. Son como tentáculos o rabos de la administración capitalina y tienen que responder a los intereses centralistas. Si el Gobierno les concede graciosamente más atribuciones, se trata de desconcentración.
La descentralización es una necesidad inapelable, pues las vergonzosas peregrinaciones a la capital para gestionar detalles deben quedar en los más recónditos sótanos de la historia.
Si las unidades territoriales son más grandes, la capacidad de hacer uso más adecuado de las competencias crece.
Soñar no cuesta nada, soñemos en un país racionalmente dividido en unidades políticas con competencias cada vez mayores.
Hora GMT: 24/Enero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO Autor: Por Claudio Malo González
