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Motepillo

Publicado el 15/Enero/2009 | 00:03

Por Claudio Malo González

La más común de las acepciones de patrimonio tiene que ver con los bienes, traducidos crematísticamente a moneda, que tiene una persona, poco o mucho, bien o mal habidos. Nadie puede llevarse el patrimonio luego de la muerte; a veces se transforma en conflictos en la herencia.

En un momento dado apareció el patrimonio cultural que para unos es todo y para otros nada. Hay acumulación mucho más allá de la vida de las personas, lo que se acumula siglos no tiene valor monetario, los dueños, todos los habitantes del país, región y mundo.

No nacimos ayer, lo que ahora somos se debe, en gran medida, a lo que aconteció en el pasado, de manera que aunque el pasado pasado está, está presente en nuestro presente.

No somos aislados y desamparados, somos parte de una colectividad y gran parte de lo que somos proviene de la manera de ser y actuar de esa colectividad donde nuestras vidas se desarrollaron.

Hasta hace poco el patrimonio cultural se limitaba a edificaciones y monumentos, a obras visuales de arte, a piezas arqueológicas que se las puede tocar, oler y lamer. ¿Y que con el tripamishqui y el motepata? ¿Qué con los danzantes de Pujilí, la azotaina del Viernes Santo en Quito y el Pase del Niño en Cuenca?

La Unesco consagró el año 2003 el patrimonio cultural inmaterial ­-intangible también se lo llama- que incluye a todas estas manifestaciones del pasado que, sin ser estáticas, se mantienen gracias a la tradición.

La semana pasada el Gobierno del Ecuador, mediante un acuerdo del Ministerio de Cultura, declaró patrimonio cultural nacional al Pase del Niño Viajero que se lleva a cabo, desde hace décadas, en Cuenca el 24 de Diciembre.

Se trata de una manifestación religiosa popular que ha cobrado enorme magnitud y cuya duración sobrepasa las seis horas. Es una magnífica muestra de la cultura popular que es espontánea, es decir libre.

El encanto de este evento, que ocurre en el adviento, radica en la falta de condicionamientos oficiales y el desborde de la devoción popular mediante disfraces vinculados con la Navidad y las ofrendas que se deja al Niño de Belén.

Esta declaración debe reforzar esta expresión popular. No faltan avivatos que quieren hacerse "dueños de la guagua" y asumir, con arrogancia, la dirección de esto que ha cobrado fuerza con el trabajo de generaciones.

Tampoco faltan los que, con un repudiable disfraz piadoso, quieren aprovechar esta acogida popular para hacer propaganda de su vanidad. Lo popular pertenece al pueblo y no a aquellos que quieren hacerse dueños del pueblo con actitudes pueblerinas.

cidap1@hoy.com.ec

Hora GMT: 15/Enero/2009 - 05:03

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