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Morir dignamente

Publicado el 15/Febrero/2009 | 00:10

Por Jaime Acosta Espinosa


jjacosta@hoy.com.ec

En la bandeja de noticias, el caso de Eluana Englaro ha llenado extensos espacios. El padre de esta italiana, en coma por 17 años, obtuvo de los jueces la autorización para que se le retire la alimentación y la hidratación que necesitaba para seguir viviendo, y Eluana murió al tercer día por deshidratación. La vehemente batalla por este caso alteró al Gobierno italiano, al Senado, a los medios, al Vaticano y a los infaltables manifestantes callejeros en contra o a favor de la eutanasia. En los extremos, se plantaron las actitudes contradictorias de quienes están decididamente a favor de la eutanasia, haciendo la apología del suicido, frente a otros que propician el ensañamiento terapéutico, apostando por la perpetuación de la vida hasta más allá de los límites debidos y naturales.

Los adictos a la eutanasia predican el derecho a "morir con dignidad", eufemismo que les sirve para expresar, suave y decorosamente, una idea cuya recta y franca expresión sería dura o malsonante. ¿Es acaso más digna una vida que se extingue voluntariamente o mediante prácticas abusivas, antes de que llegue su hora, o una vida que la frustran irreversiblemente cuando apenas se esforzaba por emerger a la luz?

En el centro del controvertido huracán, se perpetúa la búsqueda por el sentido de la vida humana y su final. No creo que logremos convergencias sobre lo que significa la vida digna. Pero es cierto que su sentido se retuerce y tergiversa cuando se desprende la vida de su inexorable vinculación con su principio y su último fin. La vida es un don recibido y su conclusión sobrepasa toda razón explicativa, rozando el misterio insondable, ante el cual no cabe sino el respeto y el recogimiento más austeros. Además, ¡cómo se entenebrece la vida cuando la destinamos a la almoneda del hedonismo!

Vale la pena citar a Aquilino Polaino: "El sentido de la vida humana no puede lograrse en el replegamiento hermético del narcisismo que se hurta a todo lo que suponga un esfuerzo al servicio de los demás. En la medida en que el hombre intenta ‘ahorrar" su vida (ahorrarse a sí mismo), se descapitaliza y empobrece, se esfuma su razón de ser, a pesar de que intente levantarse una y otra vez sobre el barro de su desesperación personal. Pues, como escribe Tagore, ‘la vida se da para merecerla y se merece dándola"".

Mucho menos conseguiríamos aproximaciones sobre la dignidad de la muerte, pues esta proviene del sentido que otorguemos a la vida. ¿Cuál sería una muerte digna? Para la eutanasia, esta consiste en evitar al hombre cualquier sufrimiento excesivo. Nadie podría contradecir un deseo tan francamente humanitario. El articulista nombrado tiene también un comentario valioso al respecto: "El sufrimiento humano también tiene sentido; más aún, parte de este sentido es lo que ayuda a encontrar el sentido de la vida. La muerte del hombre puede ser digna o indigna, indistintamente de que sea dolorosa o indolora. La presencia mayor o menor de dolor o su ausencia no constituye un criterio que discrimine entre muertes dignas o indignas".

Hora GMT: 15/Febrero/2009 - 05:10

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