Dueño de una palabra aguda contra el poder, este sacerdote es uno de los referentes en los movimientos sociales. El pasado viernes, se le realizó un homenaje en la CCE, en Quito
Nunca lo ha ocultado. A monseñor Luis Alberto Luna Tobar le gusta la fiesta brava. En su casa en Cuenca, tiene algunos objetos que muestran su pasión por los toros. Con esa misma pasión, tomó al "toro por los cuernos", y su vida, que bien pudo ser acomodada, la dedicó al servicio social cuando tomó la alternativa de ser sacerdote.
Nacido en Quito, el 15 de diciembre 1923. Su padre, Moisés Luna Andrade, casado con Ana María Tobar Donoso, era un prominente dirigente del Partido Conservador y fue abogado, además de haber sido gerente del Banco de Abastos.
Dos hechos le ayudaron a elegir el camino del sacerdocio: la actividad social de su padre y un viaje a Sucumbíos, a la misión carmelitana.
"Desde las iniciales de su vida pública, optó por una estrategia política revolucionaria al servicio de su ideología conservadora; vivo contrasentido que se explicaba en su segunda opción, tan determinante como la primera: su sacerdocio social, que lo vivió desde la asesoría jurídica de las primeras asociaciones obreras del país", así describe Luna Tobar la labor social de su padre.
Hay otros paralelismos entre Alberto Luna Tobar y su padre, Moisés Luna. De principio, sus estudios. Los dos estudiaron la primaria en la escuela Borja 1 y la secundaria en el colegio San Gabriel de Quito, aunque Luis Alberto solo hizo el primer año, porque luego fue a España para seguir su vocación pastoral.
Además, los dos fueron reconocidos articulistas. Moisés Luna, en los rotativos quiteños Fray Gerundio, El Ecuatoriano, El Porvenir y El Debate, con 14 encarcelamientos por expresar su pensamiento. Mientras que Alberto Luna lo ha hecho en diario HOY, en el que ha sido frontal.
"Monseñor Luna ha sido un ejemplo para muchos ecuatorianos (...). Es un símbolo de la coherencia entre la palabra y la acción, algo que pocos hacen en el país", dice el periodista Rubén Darío Buitrón.
Sixto Durán Ballén le otorgó el 15 de abril de 1995 la Orden Nacional al Mérito. En el acto, el entonces presidente habló del poder de la palabra escrita y hablada de Luna Tobar. Sobre los algunos cuestionamientos a su gestión, "en vez de resentirme aquellas palabras que quizá pudieron, en su momento, no ser demasiado justas, me han hecho apreciar más su imagen y figura", dijo.
El sacerdote. En 1938, viajó a España para iniciar sus estudios. Allá, se graduó en Burgos por la Orden de los Carmelitanos. Luego, hizo seis años de estudios en Oviedo (Asturias), para finalizar el bachillerato, las materias teológicas y, de paso, acrecentar su gusto por las corridas de toros. Todo esto, en plena Guerra Civil española.
La experiencia de sus días en España fue determinante para su modo de ver la vida. "La consecuencia de la guerra es que la gente se deshumaniza", dice Luna Tobar.
Al regresar al Ecuador, se encargó durante 22 años de la parroquia de Santa Teresita, de las más altas esferas elitistas de ese entonces en Quito. En 1977, fue nombrado obispo auxiliar de Quito y, cuando menos se esperaba, en 1981, fue designado arzobispo de Cuenca. "Sabíamos que era un hombre bueno, que venía de la parroquia de Santa Teresita (Quito), pero hicimos un plan para enamorarlo del Azuay: lo llevamos al encuentro con al gente sencilla", dice el sacerdote Fernando Vega.
En la capital azuaya, ejerció un apostolado dirigido a los pobres, tal cual proponía monseñor Leonidas Proaño. Así, para cuando llegó la segunda vuelta presidencial de 1984, Luna se pronunció en contra de la candidatura de León Febres Cordero. La consecuencia fue el constante acoso en su mandato: en dos ocasiones se allanó su domicilio e, incluso, se intentó relacionarlo con la guerrilla Alfaro Vive Carajo.
Al final del mandato de Febres Cordero, Luna declaró: "Durante los últimos cuatro años, la Iglesia del Ecuador ha sufrido los embates del Poder Ejecutivo presidido por Febres Cordero, que, además, ha causado dolor en el pueblo, ha difundido la miseria entre muchos y ha concentrado la opulencia en unos pocos".
Sin embargo, su verdadera opción de mostrar su trabajo con los más necesitados ocurrió en 1993, en la tragedia de La Josefina, cuando un cerro se vino abajo y represó los ríos Cuenca y Jadán. Allí, 60 casas quedaron sumergidas. Ante tal tragedia, organizó la ayuda y dedicó sus esfuerzo para lograr ese objetivo.
Activista. Entregó su renuncia al arzobispado, casi dos años después, fue designado su reemplazante, justo antes de empezar las movilizaciones en contra de Jamil Mahuad. Él fue el propulsor de varios movimientos sociales en el Congreso Pueblos, el punto de quiebre para que se desatara el 21 de enero de 2000, en el que cayó el presidente Mahuad.
En 2001, fue presidente del Tribunal Ético para la Deuda Externa. Ya en el Gobierno de Rafael Correa, fue presidente de la Comisión Especial de Investigación de la Deuda Externa (Ceídex) e integró la Comisión de la Verdad, que trata de esclarecer las violaciones a los derechos humanos, en el que ha realizado un gran papel, según Elsie Monge, presidenta de ese ente, en un homenaje a Luna Tobar, realizado el pasado viernes en la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
Fiel a su espíritu crítico, el 10 de enero de 2010, en una entrevista con Diario HOY, marcó distancias con el actual Régimen. "Si he de decir lo que en verdad siento, creo que el presidente se ha defraudado a sí mismo. Ha perdido el equilibrio, la estabilidad, el juicio sereno, que antes de llegar a la Presidencia apreciábamos en él. Eso ha causado un gran desequilibrio nacional".
Ahora, escribe sus memorias y todavía da misas en Cuenca los domingos, a las 09:30, y regresa a su casa, llena de cuadros e imágenes de la Virgen María y de motivos de su amor por la fiesta brava. (JRI)
Hora GMT: 14/Marzo/2010 - 05:02
