Por Juan Falconí Puig
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En el momento que vivimos, al igual que en tantos lugares del planeta, viene oportuno el título del libro de Pío Baroja, uno de los grandes de la literatura española, en el parangón con el cambio de clima que produce tsunamis, inundaciones, deslaves, estiajes y otras protestas de la naturaleza ante la implacable depredación humana. Por estos lares, la manifestación es la falta de agua y el estiaje, que causan estragos en Colombia, el Ecuador, Venezuela, etc., porque, en adición a las necesidades del líquido vital, está la dramática disminución de generación eléctrica.
En el Ecuador, la falta de energía eléctrica es antigua. Veamos: 1) En noviembre de 1962, se creó el Centro de Rehabilitación de Manabí porque la provincia carecía (y sigue careciendo) de elementos vitales como el agua potable y para regadío, electrificación, etc; 2) En diciembre de 2002, se dictó un reglamento para las transacciones internacionales de electricidad; 3) El año 2003, se expidieron normas relacionadas con la importación de energía eléctrica; 4) En septiembre de 2004, se declaró emergencia del sector eléctrico en todo el territorio por el estiaje; 5) En diciembre de 2004, se declaró emergencia en el territorio para prevenir consecuencias del estiaje; 6) En octubre de 2005, se facultó al Conelec a expedir normas y directrices para enfrentar la crisis del sector eléctrico y manejo de racionamientos; 7) En diciembre de 2005, se expidió un decreto relacionado con la garantía para importaciones de electricidad del Perú y Colombia; 8) En marzo de 2006, se declaró emergencia en todo el territorio;
9) En abril de 2006, se declaró emergencia eléctrica por 60 días; 10) En octubre de 2006, se la renovó por 60 días más; 11) En febrero de 2007, se renovó por 60 días adicionales; 12) En abril de 2007, se renovó la emergencia; 13) En agosto de 2007, se amplió la emergencia eléctrica.
En octubre 2007, se declaró emergencia eléctrica. En febrero de 2009, se declaró emergencia. En noviembre de 2009, se declaró el estado de excepción por decreto modificado en diciembre de 2009 dejando constancia que Colombia, por su propio estiaje, redujo la exportación de energía eléctrica y que no hubo ahorro de energía de la ciudadanía.
El problema viene, pues, de años atrás.
El caudal de Paute requiere un ingreso mayor a 60 m³ por segundo para que la represa sea operativa, y deben funcionar las turbinas de Pascuales para incorporarse al sistema interconectado.
De otro lado, las autoridades y los funcionarios del sector energético deben a futuro considerar que el estiaje pueda producirse año a año por efectos del cambio del clima, que es mundial, y deben precaver entonces que la generación eléctrica no dependa principalmente de los recursos hídricos. Indispensable deviene también contar con respaldo de otro tipo de generación, como la térmica, de manera que el cambio de clima no nos mantenga en un momentum catastrophicum por causa de la falta de energía, una y otra vez.
Hora GMT: 08/Enero/2010 - 05:10

08/Enero/2010 a las 05:17
El problema viene desde años atrás es verdad, pero el punto clave es que este gobierno no tomó las medidas previsivas a tiempo. No se puede satanizar a la generación térmica, al menos con el clima tam cambiante debido al calentamiento global. Deben hacerse proyectos de generación térmica eficiente (lo cual toma su tiempo), y hasta tanto suplir con generación térmica emergente para pasar los períodos de estiaje, pero haciéndolo con previsión y no al apuro como ocurrió en esta ocasión.