Por Xavier Neira Menéndez
El proceso de transición que vivimos muestra improvisación y afán insaciable de poder en quienes lideran la revolución ciudadana. Los ex asambleístas parapetados en el congresillo violan su propia cosecha como lo reconoce desconcertado Alberto Acosta. Los vocales de los manteles, olvidándose de que el poder político que nace desde la legalidad tiene que someterse necesariamente al derecho, se autoinvisten como magistrados de la Corte Constitucional, arguyendo falta de claridad de las normas, decisión por la que afrontan una acción de inconstitucionalidad propuesta por la ex asambleísta Montaño.
La autoprórroga de asambleístas parece castigo divino pues les está costando caro. No solo es la cúpula judicial en acefalía la que preocupa, sino la controvertida decisión del congresillo disponiendo que el Consejo Nacional Electoral convoque a concurso para designar a los miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social provisional, y la respuesta de aquel negándose a aceptar el encargo; o el peloteo que espectamos respecto del reglamento de selección de precandidatos que compitan en las primarias para las próximas elecciones, pues resulta pueril sostener que el régimen de transición nada dice al respecto, como si la Constitución vigente, elaborada por ellos, fuese un estropajo, y su art. 108, un simple adorno.
So pretexto de justificar estas y otras barbaridades se ha reiterado que el Ecuador vive un momento de ruptura entre el "viejo país" obsoleto y desgastado al que motejaron como el de la "larga noche neoliberal", y una sociedad que despertó de su letargo, fresca y deseosa de superarse, una vez rotas las ataduras que la oprimían. Los pivotes de este supuesto amanecer nacionalista se sustentan en una nueva composición de la representación política. Para el efecto se decía que la repudiada partidocracia sería sepultada por voto popular vía elecciones primarias internas para escoger candidatos y cuando se establezca la elección por distritos. Las primarias no quieren aplicarse y los distritos fueron ignorados en Montecristi.
Ahora, decía Mae Montaño en TV, Constitución y régimen de transición hacen agua por todo lado.
Este paso de guatemala a guatepeor, en lo institucional, se debe a la ceguera de los partidos políticos -unos más que otros- en los últimos años: su extraordinaria incapacidad para asimilar las reiteradas advertencias de un electorado cansado de promesas incumplidas, mentiras recurrentes y -lo que es más grave aún- de no hacer creíble ante el pueblo que el sistema democrático, pese a todas sus imperfecciones, no solo que es el menos malo, sino que es el único que permite cambios, incluso radicales, pero en libertad.
Allí reside, a mi juicio, la tragedia histórica que se le endilga, no sin razón, a la partidocracia que, además, ha guardado total e inexplicable silencio los últimos 22 meses y no ha sido capaz de asumir los graves errores cometidos en el pasado reciente.
¿Ruptura altiva y soberana o simple hambre de poder?
ppviche/@hoy.com.ec
Hora GMT: 17/Noviembre/2008 - 05:05

17/Noviembre/2008 a las 11:42
Hambre de poder, eso es todo, lamentablemente la mayoría en el pais no se da cuenta.
17/Noviembre/2008 a las 16:19
Felicitaciones por sus versiones precisas y contundentes, por favor comente sobre todos los contratos por ley de emergencia y proliferación de Ministerios. gracias