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Mirar al futuro

Publicado el 29/Septiembre/2008 | 00:10

Por Francisco Rosales Ramos

La decisión de ayer debe poner fin a una larga etapa de confrontación entre ecuatorianos. La ciudadanía ha escogido un camino que debe ser respetado por todos. Es la esencia de la democracia. Pese a todas sus deficiencias y practicada honestamente, es el sistema que mejor garantiza los derechos de las personas.

Al mismo tiempo es claro que un país no puede construirse en un permanente estado de crispación. Las diferencias ideológicas o de criterio no pueden convertirse en luchas intestinas que busquen el aniquilamiento del adversario.

La coexistencia de diferentes corrientes de opinión, de distintos enfoques a los problemas más relevantes, de varias creencias religiosas, en suma, de diversas maneras de concebir la vida, es propia de sociedades civilizadas. Las naciones no avanzan sin un mínimo grado de cooperación entre sus ciudadanos.

No es fácil superar agravios ni borrar cicatrices que dejan las luchas políticas, más aun cuando se han llevado frecuentemente al campo personal. Pero el interés superior: el futuro del Ecuador requiere un patriótico esfuerzo de todos para restaurar la armonía y hacer posible la reconstrucción nacional.

Ahora se inicia un proceso de transición que marcará el futuro del país. Más allá de los serios cuestionamientos a las actuaciones de la Asamblea y la arrogación de facultades por encima de preparar un proyecto de Constitución, el hecho objetivo es que hay un régimen jurídico que habrá de regir en los próximos meses y que se deberá vivirlo de manera que no colapse la vida institucional. Para ello es fundamental desmontar el ambiente de beligerancia y construir uno de mínima cooperación. Países de la región viven traumáticas experiencias generadas por los afanes de imposición de unos grupos sobre otros. El Ecuador ha perdido al menos las dos últimas décadas, marcadas por la inestabilidad política y el lento crecimiento económico, con todas las secuelas de malestar social y empobrecimiento general que lleva aparejado.

Crear el nuevo ambiente es tarea de todos, pero será la máxima autoridad quien deba iniciar el proceso. Será su tarea principal. Al final se le juzgará por los resultados tangibles: vivencia de una democracia real, mejoramiento del nivel de vida de las mayorías, respeto irrestricto a los derechos humanos, educación de la más alta calidad, infraestructura que facilite el crecimiento económico, prestigio internacional, confianza en las instituciones, seguridad jurídica y proyecciones firmes para un desarrollo acelerado. Y esto no será posible sin un mínimo de cooperación entre todos.

Confieso mi limitado optimismo sobre las posibilidades de este reencuentro nacional. Los estilos no permiten albergar expectativas mayores. Pero no alcanzo a ver otra manera de sacar al país del estancamiento al que ha sido sometido. Y me niego a aceptar aquella sentencia de que el Ecuador es inviable en el largo plazo y que su destino es dividirse entre los vecinos del norte y del sur.

rosales@hoy.com.ec

Hora GMT: 29/Septiembre/2008 - 05:10

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Comentarios

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  1. 1 Eduardo Jiménez E. desde - Quito

    El peor enemigo del hombre es el tiempo y por eso los resultados de cualquier empresa son relativos. Muchos creeran que en corto tiempo el nuevo esquema les dara bienestar, otros no lo ven en el largo plazo fijado por sus esquemas temporales. Pero Ecuador debe ser trascendente, para estar aquí cuando todos nos hayamos ido, y para que los triunfos, fracasos y engaños de hoy sean solo datos históricos en el futuro. Hay que construir la patria dia a dia, aun a pesar de la oposición.

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