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Mi geriatra

Publicado el 28/Junio/2012 | 00:38

Simón  Espinosa  Cordero

simeco@hoy.com.ec


Mi geriatra es el doctor Asdrúbal de Bonhoeffer, un berlinés que vive en San Juan, un poco más abajo de El Ventanal. Como anda preocupado por ciertos comportamientos extraños cuando paso por la Plaza Grande, me ha ordenado escribir mis sueños lo más fielmente posible para analizarlos y recetarme con seguridad.

Mi primer informe suena así: Soñé que veía al secretario de la Secretaría Nacional de Educación Superior, Ciencia, Tecnología e Innovación se tomó una droga llamada Sales de Baño y se comió refritos en ajo, cebolla paiteña y chochos a unos rectores cuyos nombres comenzaban, respectivamente, con las letras D, E y F. Se quedó muy satisfecho. Una vez que los había digerido con cierta lentitud, volvió por las Sales de Baño. Esta vez se trilocó –de tri, tres, y locus, lugar- y estuvo a la vez en la escuela Gabriel García Márquez de Llano Chico, en los páramos de Simiatug y en el Ministerio de Educación.

Vio en la de Llano Chico que unos niñas y niños mestizos atormentaban a unas niñas y niños afro-ecuatorianos, halándolos de las orejas y diciéndoles: - Nos vamos a comer sus orejitas de chocolate. Los empujaban. Les gritaban: -Váyanse de aquí, negros ladrones.

Vio en los páramos de Simiátug cómo las indias se levantaban a las cuatro de la mañana y caminaban, con las guaguas a la espalda, de dos a tres horas hasta el pueblo para asistir a la escuela. Venían unas señoras y señores de Chilibulo para igualarlas en mate, español y computación. Pero no podían estos voluntarios ofrecerles ningún título porque no tenían permiso oficial, pese a que lo habían solicitado desde hacía seis años.

Vio que el Ministerio de Educación era un enjambre de 900 abejas fervorosas, ocupadas varias veces en mover papeles de un piso a otro para a los tres días volverlos a subir y al mes archivarlos, y luego olvidarse de qué había pasado con ellos y decir a los reclamantes que volviesen en 15 días y así durante meses.

El senescyto se pegó las terceras Sales de Baño y entendió que la reforma de la educación superior, media, primaria, infantil y maternal no podía ser planeada desde un escritorio ni prescrita para realidades complejas, distintas en las cuatro regiones que dividen el país de Julian Assange, e inicuas porque hay ecuatorianos de barro, de cemento, de cobre, de plata, de platino y de oro. Tal efecto le produjo la tercera droga que confeccionó un documento: "Ecuador, país de provincias federales y autónomas, base definitiva de la revolución ciudadana." Me desperté con las dulces palabras de mi esposa- "Room service". Era el día del padre.

El doctor de Bonhoeffer estudió mi sueño, dictaminó que padecía de paranoia, me recetó tomar Atemperator - 40 gotas al día, 10 con cada comida- y convenció a mi familia que durante julio próximo yo cambiara de aires, y me hospedara, totalmente incomunicado, en el Lorenzo Ponce de Guayaquil. Así que, amadas lectoras, ni twittearé, ni windowsaré ni columnaré en ese mes patrio. No me manden flores. Mándenme whisky, pero que no se entere el de Bonhoeffer.

 

Autor: Simón Espinosa - simeco@hoy.com.ec

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Comentarios

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  1. 1 Carlos Palma Gallo desde - Quito

    Será un mes muy largo... esperarémos!

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