Por Jaime Acosta Espinosa
jjacosta@hoy.com.ec
Nuestro buen presidente viajó a Inglaterra, arropado por una lustrosa y bien agasajada comitiva, para hacerse escuchar en la Oxford Union Society. En su alocución, preparada en inglés impecablemente académico, el economista se metamorfoseó inopinadamente en teólogo, lanzándose a rebatir al Papa y a los obispos en el terreno religioso y dándoles consejos pastorales.
"Como católico practicante, siempre he creído en la importancia de la caridad y la solidaridad", sentenció el magistrado. En la conciencia de muchos resuena la pregunta si será propio de la caridad y la solidaridad de un "católico practicante", ortodoxo o progresista, el ametrallamiento macanudo de insultos, maldiciones y denuestos contra todo el que se le ponga delante, utilizando con este fin los medios de comunicación del Estado. Nada tiene de católico que una acción de Gobierno, inspirada en preceptos ideológicamente retrógrados, deje como resultados "el crecimiento del desempleo, el incremento de la inseguridad, la presión sobre las libertades civiles y las crcientes denuncias de corrupción", según juicio de la Conferencia Episcopal del Ecuador en su comunicado, luego de la mentada conferencia. No puede ser cristiana, ni honradamente humana, esa manía semanal de convocar al enfrentamiento odioso entre ciudadanos, entre clases sociales y entre regiones de la Patria.
¿Será "católico" ese despilfarro de recursos públicos en gastos masivos y viajes suntuosos, así como en publicidad que huele siempre a mentirosa?
¿Será católica esa renuencia a asumir responsabilidades y culpar olímpicamente de todos los males nacionales a un pasado anónimo y difuso?
Es comprensible que el presidente no tenga tiempo para leer la encíclica que él le pide al Papa, en su intervención de Oxford, para así satisfacer sus aspiraciones socialistas. Benedicto XVI, en la última encíclica "Caritas in Veritate", con sabiduría y amor, pasa revista sobre los problemas sociales actuales: desde la globalización hasta la migración, desde el trabajo hasta el uso de la tecnología, desde la última crisis financiera hasta el cuidado del medio ambiente. En la misma línea de la Rerum Novarum, encíclica admirada por el presidente, Benedicto XVI ataca frontalmente las causas de la desigualdad y de la injusticia, tratando de desenraizarlas. Si se la lee con atención, en ella se desenvuelven los temas exigidos por el presidente.
Allí se lamenta "cómo, en este mundo, así como durante la Revolución Industrial, el capital tiene más derechos que los seres humanos".
Allí "se denuncia frontalmente, sin eufemismos, la ideología disfrazada de ciencia que tratan de imponernos como el fin de la historia". En términos severos se expresa la necesidad del desarrollo integral de la persona y la justicia social, como condiciones indispensables para cualquier progreso humano. No se define como cristiano practicante aquel que lo proclama con palabras hinchadas de vanidad, sino el que vive su fe silenciosamente, en la actividad pública y privada.
Hora GMT: 22/Noviembre/2009 - 05:10

22/Noviembre/2009 a las 08:35
Será de creerle sr. Acosta... ? porque parece que usted sufre más por su ciega oposición y su frustración de que ya no esten sus "líderes" politiqueros corruptos de antes, clao como a esos "personajes" mediocres no les ivan a invitar a dictar conferencias, que más podíamos esperar que no sea ineptitud.....
Austedes los conocemos "palo porque bogas y palo porque mno bogas", solo buscan sus intereses y los de sus panas, lo bueno para ustedes es que tienen espacio para decir un poco de barbaridades, sin responsabilidad, hasta muy pronto.....
Depués veamos si se atreven a calumniar, sin hacerse responsables dé dichas acciones......
Publiquen, para que el sr. Acosta vea que no es "dueño de la verdad"......
22/Noviembre/2009 a las 11:30
Metaformosis o podemos pensar que el Sr. Correa no tiene conciencia.
Todas sus acciones y el odio que vierte contra todos aquellos que no comulgan con sus ideas, desdicen de un buen cristiano.
22/Noviembre/2009 a las 12:40
Esta metamorfosis es lo que antiguamente llamábamos "ser bailarín". Es decir, estar al ritmo que le tocan, con tal de quedar bien con el público, y recibir los aplausos.
Y al bailarín le siguen ciertos foristas que no pierden oportunidad de mover la colita, por si acaso el amo tire algún mendrugo.