Por Eduardo Polit Molestina
El contenido profundo de excelencia del mensaje de paz del presidente de los Estados Unidos entierra una página negra de oprobio con que se había envuelto a la humanidad en los pasados ocho años, al tiempo que pone de manifiesto una elevada estatura de estadista en el más alto escalafón internacional. "Nuestro poder por sí solo no puede protegernos, tenemos que demostrar que merecemos ser la primera potencia sin dañar a nadie, sin que nadie nos tema, sino que confíen en nosotros, pues el país está preparado para liderar una vez más, porque América es amiga de todas las naciones que aman la paz". Aunque aseguró "estar consciente de que los EEUU están en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance".
En su primera hora de trabajo, desmanteló los antros de tortura fascista montados en su propio territorio y en otros sitios del mundo. Esta muestra ineludible de templanza y madurez cívica, acorde con sus postulados de campaña, devela un elevado sentido común de honestidad y franqueza con la humanidad, lo que ha dejado sin discurso al populismo enfurecido del otro lado de la orilla, atrincherado en la pequeñez del "culto a la personalidad".
Por el contrario, Obama es de los líderes de mente estructurada en la creencia de escuchar a todos los sectores de la sociedad de la que se alimenta para su correcto accionar. De esta médula, nace la confianza y la seguridad que transmite a moros y cristianos, sin dar cabida al "oráculo" de charlatanes que podría obnubilar su pausada marcha. Obama, hombre forjado en el camino correcto de una madre que le dio ejemplo bíblico, ha obtenido la "sabiduría" para gobernar y la seguirá aumentando para calmar la sed de su pueblo.
Y lo ratifica en cosas tan sencillas de generosidad como esa "carta a sus hijas" que acaba de escribir, en la que aflora con prístinos sentimientos que le mueven desde las entrañas de su ser a "hacer el bien a los demás". Este aserto de magnanimidad de un padre que "es padre" es propio de un hombre inmerso en el cumplimiento del plan divino que todos estamos obligados a observar en este peregrinaje terreno; pero que es empañado por quienes esconden el apetito de dar rienda suelta a su fanatismo, el que conlleva al derrotero de la violencia que es madre de resentimientos y de heridas difíciles de cicatrizar.
Martin Luther King advertía que: "Nada envilece más que el odio envenenado que carcome; hemos aprendido a volar y queremos ser siempre libres y para eso tenemos que aprender el sencillo arte de vivir como hermanos". Cuando Obama abolió la tortura, solo había dicho al mundo que su país exige un lugar entre aquellos que reverencian las reglas de la ley y de la dignidad humana, que es el sello ancestral que obliga a observar líneas de conducta esencial para vencer y crecer con equilibrio y respeto.
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Hora GMT: 28/Enero/2009 - 05:06
