Jeffersón Pérez unió al país en un solo puño y una sola mirada. Niños, ancianos, jóvenes, hombres y mujeres se reunieron en la Plaza Foch de Quito para ver su participación en los Juegos Olímpicos.
La juventud fue la más entusiasta. Algunos llegaron desde las 16:00 para buscar la mejor ubicación.
Dos pantallas gigantes y varios televisores pequeños rodearon el lugar. No importó sentarse en el piso o permanecer todo el tiempo de pie o en cuclillas.
Sofía Muñoz, Carla Godoy, Belén Arellano, Daniel Godoy y Daniel Egas, todos estudiantes colegiales, alentaban al marchista desde antes de que arranque la caminata. "Jefferson es un ejemplo de perseverancia, esfuerzo y humildad. Tiene mucha fortaleza y ganas", dijo Daniel.
Faltaban pocos minutos para que se inicie la historia de
la medalla de plata en Beijing. Todos miraban a un solo lado. El televisor empezaba a presentar los preparativos.
Fueron las 20:00 en punto y los aplausos reemplazaban al disparo que daba inicio a la caminata. A los tres minutos, María Simbaña, de 45 años, dejó de recoger las botellas vacías, que luego las vende, para ver a su coterráneo cuencano. "Que Dios le bendiga", dijo.
Delante de María se encontraba el estadounidense Steve Duckworth, quien dijo que no sabía si algún compatriota suyo estaba en competencia, pero su apoyo era para Pérez.
A los 15 minutos de caminata, el ambiente aún estaba apagado. Todos se limitaban a observar la pantalla. Fue entonces que Ximena Egas, de 47 años, comenzó a agitar una bandera y a gritar: "Vamos Ecuador, sí se puede". Eso contagió a los demás presentes quienes siguieron el coro.
Cada vez que Jefferson aparecía en primer plano los aplausos no se hacían esperar. La gente se puso de pie cuando el "tricolor" tomó la delantera.
"Vamos Jefferson, dale, dale", gritaban. El ir y venir de algunos transeúntes se paralizó en ese instante, todos corrían a ver lo que pasaba, clavaron su mirada y se quedaron ahí hasta que terminó la competencia. "Que pena, pero estuvo bien", fue la primera reacción de David Pilahuisa en el momento en que Jefferson Pérez cruzó la meta y conseguía la medalla de plata para Ecuador.
"No importa, igual es un triunfo", contestó su amigo Byron Sarmiento.
"Cuando ingresaron el estadio, el corazón me estallaba", expresó Maricela Calderón. El sabor era agridulce. "Jefferson nos tiene acostumbrados a los oros", dijo José Manosalvas.
En los bares, los televisores se apagaron y se encendió la música. "Este es un triunfo. Jefferson es un orgullo nacional. Eso merece un festejo", acotó Martín Muñoz, mientras ingresaba a una discoteca.
"Jefferson es grande", pasó comentando el niño Juan Fernando Bustamante en los hombros de su padre Juan. (LMC)
Especial Beijing 2008
Hora GMT: 16/Agosto/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito
