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Martínez y la naturaleza

Publicado el 12/Diciembre/2008 | 00:04

Abalorios

Por Rodrigo Villacís Molina

Conozco pintores que exploran indistintamente diversos temas, puede ser por principio, porque les interesa diversificar su producción, y otras porque diríase que no acaban de encontrar uno adecuado a su gusto o a sus posibilidades en la práctica del oficio. Se hallan en una búsqueda permanente que, a veces, no acaba nunca. Al revés, hay pintores que habiendo hallado buena acogida con un tema determinado, lo explotan como una mina inexhausta, esclavizándose a él y deponiendo su creatividad a cambio de un relativo éxito comercial que, al final, no los lleva a ninguna parte. Pero hay también artistas que adoptan un asunto porque les apasiona, y lo van trabajando con talento a lo largo de su trayectoria, profundizando en él, buscando todas sus derivaciones, descubriendo los distintos ángulos desde donde se lo puede abordar, trabajándolo con benedictina paciencia hasta llegar lo más cerca posible de la perfección. En este caso, la obra en su conjunto es, al mismo tiempo, una y varias. Así veo yo la de Marco Martínez Espinoza (Cañar, 1953), cuya exposición se inauguró ayer en el Centro Cultural Metropolitano, a la vez que fue presentado el libro Marco Martínez y la naturaleza, que, amén de un gran despliegue fotográfico de su pintura, contiene una aproximación a la misma y otra a la persona del artista.

El título del libro aludido se refiere, pues, al tema único adoptado por Martínez: la naturaleza, vista por él como su devoto, y con una mirada que la observa minuciosa y amorosamente en sus distintas manifestaciones; de cerca, con una lente macro, y de lejos, con un gran angular; esto es, el detalle de una hoja, de una flor, de la piel de los ceibos; o, al contrario, la vastedad del bosque húmedo o el paisaje donde serpea un río que se pierde a la distancia.

Y como parte de la naturaleza, en la obra de Martínez pululan también varias especies zoológicas: un tigre se estira, perezoso, en una rama, una culebra se envuelve sigilosamente en un tronco, una lagartija trepa por un árbol que tiene formas femeninas e innumerables bichos se camuflan en el follaje, o se exhiben sin inmutarse a los ojos del espectador.

Este es el mundo de Martínez, que él enriquece con algunas especies que no constan en los manuales de entomología, pero son verosímiles aunque solo viven en la imaginación del artista; lo cual es parte del encanto de esta muestra, cuyos lienzos contienen un bucólico soplo que nos viene del sur.

villacis@hoy.com.ec

Hora GMT: 12/Diciembre/2008 - 05:04

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