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Mario Vargas Llosa, en HOY

Publicado el 01/Noviembre/2009 | 00:07

La desaparición del erotismo


Por Mario Vargas Llosa



Hay muchas formas de definir el erotismo, pero tal vez la principal sea llamarlo la desanimalización del amor físico, su conversión, a lo largo del tiempo y gracias al progreso de la libertad y la influencia de la cultura y las artes en la vida privada, de mera satisfacción de una pulsión instintiva en un quehacer creativo y compartido que prolonga y sublima el placer físico rodeándolo de rituales y refinamientos que llegan a convertirlo en obra de arte.

Tal vez en ninguna otra actividad se haya ido estableciendo una frontera tan evidente entre lo animal y lo humano como en el dominio del sexo, diferencia que, en un principio, en la noche de los tiempos, no existía y confundía a ambos en un acoplamiento carnal sin misterio, sin gracia, sin sutileza y sin amor. La humanización de la vida de hombres y mujeres es un largo proceso en el que intervienen el avance de los conocimientos científicos, las ideas filosóficas y religiosas, el desarrollo de las artes y las letras y en esa trayectoria nada se enriquece más ni cambia tanto como la vida sexual. Ésta ha sido siempre un fermento ígneo de la creación artística y literaria y, recíprocamente, pintura, literatura, música, escultura, danza, todas las manifestaciones artísticas de la imaginación humana han contribuido al enriquecimiento del placer a través de la práctica sexual. Por eso, no es abusivo decir que el erotismo representa un momento elevado de la civilización y es uno de sus ingredientes determinantes.

Para saber cuán primitiva es una comunidad o cuánto ha avanzado en su proceso civilizador nada tan útil, rompiendo sus secretos de alcoba, que averiguar cómo hace el amor.

El erotismo, sin embargo, no solo tiene esa función positiva y ennoblecedora de embellecer el placer físico y abrir un amplio espectro de sugestiones y posibilidades que permitan a los seres humanos satisfacer sus particulares deseos y fantasías. Es también un quehacer que saca a flote aquellos fantasmas escondidos en la irracionalidad que son de índole destructiva y mortífera. Freud los llamó la vocación tanática, que se disputa con el instinto vital y creativo, el Eros, la condición humana. Librados a sí mismos, sin freno alguno, aquellos monstruos del inconsciente que asoman y piden derecho de ciudad en la vida sexual si no son frenados de algún modo podrían acarrear la desaparición de la especie. Por eso el erotismo no sólo encuentra en la prohibición un acicate voluptuoso, también un límite violado el cual se vuelve sufrimiento y muerte.

Nadie ha estudiado con más lucidez que Georges Bataille este aspecto dual: vida y muerte, placer y dolor, creación y destrucción del erotismo y por eso ha hecho bien Guillermo Solana poniendo de título a la exposición que ha organizado en los locales del Museo Thyssen y Caja Madrid el que dio el gran ensayista francés al último libro que publicó en vida: Lágrimas de Eros. Se trata de una excelente muestra que con unos ciento veinte cuadros, esculturas, fotografías y videos ilustra la variedad temática y la excelencia formal que ha llegado a alcanzar la experiencia sexual en sus mejores expresiones artísticas. El asunto es tan vasto que una exposición de arte erótico sólo puede aspirar a ser la punta del iceberg, pero, en este caso, la antología ha sido elegida con la sabiduría y el buen gusto necesarios para dar al espectador una idea clara de la exuberancia ilimitada de que ella es apenas un indicio. Una de las enseñanzas más flagrantes que se desprende de la exposición es que el erotismo no es tanto un hech

o en sí, una entidad aislada y diferenciada de otras, sino más bien una mirada, una elección subjetiva, una pasión o una manía que se proyectan sobre todo lo existente, erotizando a veces cosas que parecerían serle totalmente ajenas y hasta írritas, como la religión. Es natural y obligatorio que la antigüedad pagana, con su amoralismo, haya sido una fecunda inspiradora de pintura y escultura eróticas, también lo ha sido de literatura, y que temas como el nacimiento de Venus, las esfinges y las sirenas, Apolo y Jacinto, Andrómada encadenada y Endimión dormido, salas de la exposición, hayan incitado a grandes artistas y debamos a ello un buen número de obras maestras.

Pero no menos estimulante para la fantasía erótica lo ha sido el cristianismo, desde Eva y la serpiente, un tema recurrente a extremos de enloquecimiento de centenares de pintores, hasta la Magdalena, la pecadora arrepentida y penitente cuyas formas desnudas, ampulosas o góticas, son uno de los íconos del imaginario erótico en todas las épocas y para todas las escuelas. Y qué decir del martirio de San Sebastián y de las tentaciones de San Antonio en el desierto que a su vez han tentado a una numerosa genealogía de artistas que van de Brueghel a Picasso y Saura, pasando por Jan Wellens de Cock (su pequeño cuadro es uno de los más memorables de la muestra) y Paul Cézanne.

La religión sirvió de aguijón al vuelo creativo y, también, de coartada para sortear la censura eclesiástica. Si la exhibición de las formas desnudas de hombres y mujeres del común en nombre de la estricta belleza era censurable, no lo era tanto si quien exhibía sus pechos, muslos, nalgas y hasta el vello púbico y los órganos sexuales eran el mismísimo Redentor o una santa o un santo. De esta estrategia se valieron para saturar sus murales y lienzos de desnudos y discreta o descarada concupiscencia pintores tan respetados por el establecimiento y la jerarquía como un Rubens, un Ingres, un Rodin o un Gustave Doré.

Otra curiosa conclusión algo deprimente se desprende de Lágrimas de Eros, por cierto profetizada también por Bataille. La desaparición de frenos y censuras, la permisividad total en el campo amoroso, en lugar de enriquecer el amor físico y elevarlo a planos superiores de elegancia, exquisitez y creatividad, lo banaliza, vulgariza y, en cierto modo, lo regresa a aquellos remotos tiempos de los primeros ancestros, cuando consistía apenas en el desfogue de un instinto animal. Un testimonio de ello es la extraordinaria pobreza del arte erótico contemporáneo que Guillermo Solano, pese a sus esfuerzos en la selección de obras para la muestra, no ha podido disimular.

Es verdad que un Picasso o un Delvaux elevan considerablemente el promedio, pero la mayoría de las pinturas, videos o esculturas de artistas modernos representados son de una indigencia imaginativa lastimosa cuando no de una triste idiotez. Pasar del Endimión dormido de Antonio Canova al video David, de Sam Taylor-Wood en el que vemos al futbolista David Robert Joseph Beckham durmiendo beatíficamente apoyado en su diestra, no sólo es un anticlímax sino un salto dialéctico del arte genuino al arte frívolo (o la simple tontería).

Este abaratamiento y degradación del erotismo en nuestros días es, vaya paradoja, consecuencia de una de las grandes conquistas de la libertad que ha experimentado el mundo occidental: la permisividad sexual, la tolerancia para prácticas y fantasías que antaño merecían el rechazo de la moral imperante y eran objeto de condena social y castigo judicial. Al desaparecer la prohibición desapareció también la transgresión, aquel aura temeraria, la sensación de violentar un tabú, de pecar, que condimentó la práctica del erotismo en el pasado y que atizó tanto la invención literaria y artística. Para la experiencia común de las gentes, que la vida sexual haya migrado de la existencia clandestina que tenía a la luz de la plaza pública (o poco menos) y que ahora el erotismo sea un ingrediente privilegiado de la publicidad comercial (la Eva y la serpiente fotografiada por Richard Avedon con Nastassja Kinski y el boa constrictor que la abraza son un ejemplo de lo que quiero decir) y de los avisos económicos en los

diarios con que las prostitutas atraen clientes, significa pura y simplemente que el erotismo ya no existe, que pasó a ser caricatura y esperpento de lo que fue.

¿Es bueno o malo que haya ocurrido así? En términos sociales, bueno, sin la menor duda. La vigencia de prejuicios, prohibiciones y censuras trajo consigo atropellos, abusos, discriminación y sufrimiento para muchos (en este caso, sobre todo, para las mujeres y las minorías sexuales). Pero desde el punto de vista de las bellas artes y de la literatura ha significado que el placer físico se volvió un tema anodino y convencional, semejante al paisajismo, el retrato de caballete, las marinas o las odas patrióticas. Hacer el amor ya no es un arte. Es un deporte sin riesgo, como correr en la cinta del gimnasio o pedalear en la bicicleta estática.

Madrid, octubre de 2009. Mario Vargas Llosa 2009. Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Diario El País, S.L.

Hora GMT: 01/Noviembre/2009 - 05:07

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Comentarios

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  1. 1 Marco desde - Quito

    PARA QUE EL PERIÓDICO HOY SEA UN MEDIO REALMENTE DEMOCRÁTICO DEBERÍA TAMBIÉN INCLUIR ENTRE SUS ARTICULISTAS A PENSADORES CON OTRO TIPO DE IDEOLOGÍA Y NO SATURAR A SUS LECTORES EN UNA SOLA DIRECCIÓN.

    NO LE PARECE SEÑOR DIRECTOR?
    NO LES PARECE SEÑORES LECTORES?

  2. 1 AGL desde - Quito

    En un ambiente tan politizado como el ecuatoriano donde cada tejido social se mueve hoy por ideologias obsoletas de izquierda y derecha, es una pena que quienes leen el periodico no puedan salir de una vision tan local y hasta parroquial. Mas alla de la ideologia, Vargas Llosa es un escritor revolucionario que nos hace pensar en otras cosas, desde otra vision. Perder la tolerancia hacia personas y opiniones que no sean las nuestras, solo nos pone un muro que nos impide aprender e incluso discrepar. La proxima vez, ojala haya un debate sobre el articulo y no sobre quien lo escribe. Tal vez asi, las opiniones publicas de quienes participan, sean enriquecedoreas y no pretendan ser sentencias. En todo caso, mil gracias Mario por ponernos a pensar en como la vida intima y su metamorfosis pueden darnos claves de lo que pasa en lo publico.

  3. 1 Estuardo Melo desde - Quito

    Mario Vargas Llosa y el erotismo


    El erotismo comprendido por Mario Vargas Llosa en su literatura y en el primer artículo que nos brinda con generosidad en el diario Hoy del 1 de Noviembre, es al parecer solamente una forma de comprenderlo. Su misma prosa larga e hilada, su pensamiento que profundiza en los argumentos y su orden lógico, nos entrega en sí misma una alta carga de sensibilidad que logra transmitir a sus lectores.
    Las enseñanzas de Federico Nietche acerca del existencialismo y el erotismo, parecerían estar más cerca de la integridad del concepto. Poner los sentidos a flor de piel y apreciar el verdadero valor de los estímulos que la naturaleza nos ofrece. Por un lado los néctares, olores colores texturas, ambientes desde la naturaleza o desde las artes y nuestra propia naturaleza, capaz de captarlos y asimilarlos en su dimensión total.
    De hecho, hay seres privilegiados por la naturaleza o cultores de la sensibilidad estética, que ofrecen y captan esos estímulos y gente común que logra superlativizar su existencia en comparación a los demás, haciendo que su vida valga la pena gracias a esa forma de apreciar las cosas.
    De hecho la piel, la sensualidad, el afecto o las caricias, son formas casi connaturales con el erotismo. Sin embargo no es para todos, porque es una opción personal y una concienciación elevada para seres elevados. Pero hay otras formas de erotismo que igualmente permiten disfrutar de los momentos que la existencia nos brinda. Un hermoso paisaje con la brisa azotando nuestro rostro, una puesta de sol, un vaso de jugo de naranjas frescas degustado trago por trago, una presencia amada y tantas cosas más. Solamente depende de concienciar la opción entre un pragmatismo vegetal e intrascendente o una valoración máxima de los instantes que la vida nos ofrece…

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