¡Vieja pelucona! Infortunado calificativo para referirse a Margarita Arosemena, mujer ejemplo de vida, dedicación y entrega a su hogar, pero también al apostolado en acción, a través de un febril y fecundo trabajo en la Fundación del Hombre Doliente, donde reciben atención enfermos terminales, en su mayoría, de escasos recursos.
Esta noble misión que encarna su profunda fe católica y sus convicciones cristianas han permitido descanso, amor y paz, en aquellos que se encuentran al final de sus vidas, con su viejo dolor, cuando el alivio ya solo llega al alma, y se convierte en la esperanza de cada día, el ver a Margarita dispuesta a comprenderlos y atenderlos, como una compañera fiel que nunca falla.
Ella fue reina de belleza, entiendo que miss Ecuador, pero supo pasar por alto las veleidades de la juventud, para dedicarse a la labor social. Sigue hermosa, con la belleza acrecentada por el amor al prójimo, con esa que brota del alma, y que es capaz de brillar en los ojos de los seres que brindan afecto y comprenden que la verdadera felicidad está en dar y no en recibir. Por algo, y con razón, la belleza ha sido concebida como la verdad de cada uno de nosotros.
Adjetivar a una persona vieja en forma despectiva es no conocer las palabras del Evangelio, que asignan al ser humano el privilegio de una larga vida y suficientes años para ver a los nietos y bisnietos, generación tras generación, como bendición a quien transita por el camino del bien. La vejez es un premio, es otra oportunidad de Dios, para realizar aquellas acciones que dejamos de hacer en la juventud, y preocuparnos de los demás. Margarita no es vieja ni mucho menos, conserva su porte distinguido, pero es la madurez de la experiencia y el convencimiento de que los derechos de la salud y de la obra del apostolado deben defenderse, lo que le da altivez para el reclamo.
La sensibilidad es el motor que impulsa las grandes obras de solidaridad, aquellas que exigen paciencia, sinceridad, generosidad y fe, realizadas en silencio y que trascienden solamente por sus efectos en la felicidad y alivio espiritual de aquellos que recibieron la atención. La obra de Margarita logra estas dimensiones.
La actividad social de la Iglesia y de las instituciones privadas, así como la de todas las personas que se dedican a la labor de asistencia en los diversos órdenes, constituyen un aporte inapreciable para la gestión de un Gobierno, y merece por tanto de su parte, si no agradecimiento, al menos comprensión.
La solidaridad supone la unión de todos para llevar adelante proyectos que coadyuven a una sana convivencia. La incomprensión y el egoísmo no podrán detener jamás la energía natural y espiritual de personas valiosas que como Margarita Arosemena contribuyen al bienestar de nuestro pueblo.
Las convicciones de fe son el verdadero poder, son las que dan pleno sentido de responsabilidad a las acciones que se alientan bajo el ejemplo de Cristo. Esta es precisamente la fortaleza de esta admirable y querida vieja pelucona.
Hora GMT: 28/Enero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Elsa de Mena
