|    Pico y placa Quito:      |  

Mapamundi

Publicado el 17/Julio/2012 | 00:52

Cecilia Velasco

cevelasco@hoy.com.ec



La crueldad y la explotación ejercidas sobre los más débiles son prácticas recurrentes. En pleno siglo XXI, están vigentes formas de esclavitud, cuyas víctimas son, sobre todo, grupos vulnerables como minorías étnicas, niños, viejos, mujeres.

Si hiciéramos un recorrido por el mapamundi, habría tantos lugares donde debiéramos marcar cruces en rojo, que ojos sensibles no podrían contener el llanto. El director griego de cine Theo Angelopoulos, fallecido en un absurdo accidente a los 76 años al ser atropellado por una motocicleta conducida por un policía, presenta en la película La eternidad y un día (1998) el fugaz y entrañable encuentro entre un poeta desahuciado y un niño albanés que se gana la vida limpiando parabrisas de autos, mientras huye de la policía y de mafias, cuyos sórdidos trabajos los espectadores podemos imaginar con horror. El poeta y el niño se despiden, tras un alucinante día de viaje por paisajes griegos. Uno va hacia la muerte, y el pequeño huérfano, que ha sobrevivido, lastimado pero ternísimo, a las guerras –seguramente las de la cercana Kosovo- se embarca en una nave que lo llevará a él y a otros pequeños hacia Italia.

Albania, vecina de Serbia, ha sido parte de conflictos sangrientos, como los de bosnios, croatas y serbios, cuando mujeres de la antigua Yogoslavia comunista fueron convertidas en esclavas sexuales, aunque algún alto cabeza de la ONU las haya definido como "rameras de la guerra",

Angelopoulos, con cintas de un nivel artístico admirable, se aprestaba a filmar una película sobre la realidad contemporánea griega, cuando la muerte lo sorprendió. En algunas declaraciones últimas, afirmaba que el cine puede salvar al mundo actual del absurdo, y que buscaba, en el diálogo multicultural y plurilingüe que se produce en zonas de frontera, un nuevo sentido de humanidad.

Parece este un cometido casi imposible. Las fronteras entre los países mencionados líneas arriba, a las que podríamos sumar, por ejemplo, las que separan naciones centroamericanas, Colombia y Ecuador, México y Estados Unidos, ponen en entredicho el sentido de compasión y civilización. El valor de la vida parece haberse perdido con degollamientos, asesinatos masivos, torturas, verdaderos campos de violación y esclavitud, tráfico de personas. Como en los momentos más oscuros de nuestra historia (pero ahora es peor), la persona carece de todo resguardo y corre desesperada huyendo de sus perseguidores. Huyen las mujeres que atraviesan fronteras para escapar de la guerra o del hambre en su tierra natal, para no ser tomadas por la fuerza, vejadas, penetradas y humilladas. Huyen los niños para no ser sometidos a la pedofilia, la pornografía, la esclavitud de múltiples rostros. Huyen campesinos e indígenas, aterrorizados, tanto por los ejércitos y policías de su país y de los vecinos, cuanto por armados irregulares, traficantes de drogas y de tierras, cazadores, mafias transnacionales.

¿Cómo, poeta del cine, San Angelopoulos, podemos restaurar el sentido de la humanidad y la comunicación en estos cruces sangrientos cercados de alambre de púas y radares?

 

Autor: Cecilia Velasco - Ciudad Quito

Archivado en | Perspectivas  | Opinión HOY impreso 

Tags : Cecilia Velasco 



Actualizado por

1

cguerrero - en Diario HOY - Noticias de Ecuador.

Publicidad