Por Marlon Puertas
Esta semana he visto una nueva cadena de televisión, en la que el Gobierno desentierra el caso de los estudiantes de la Universidad Católica, a los que ahora intenta vincular con el grupo venezolano de oposición Manos Blancas. Para eso presenta como pruebas que algunos de esos jóvenes estuvieron en el Ecuador, hablaron en noticieros y se reunieron con sus camaradas guayaquileños. Al final de la cadena, presentan a Jaime Nebot como el verdadero padrino de los muchachos Manos Blancas, capítulo Guayaquil.
Horas antes, en cambio, se armó otra trifulca en plena Corte de Justicia, cuando el fiscal Francisco Campodónico salió en medio de insultos de la audiencia que había convocado en el juzgado para acusar a los estudiantes. A propósito, Campodónico, dos años atrás, fue destituido de su cargo por orden directa de Nebot, orden acatada de inmediato por la dócil Cecilia Armas. Pura coincidencia.
El mensaje del Gobierno es que es malo que vengan venezolanos contrarios de Chávez a asesorar a la oposición local. Menos grave, pienso yo, de que vengan españoles a dictar una Constitución. Pero ese no es el punto.
El asunto es que estos jóvenes, bautizados por el propio Gobierno como Manos Blancas, se enfrentan a lo que podría ser una condena en la cárcel de varios años, por haber agredido la majestad presidencial.
Muy bien. Esta misma semana leo denuncias de sobreprecios en la compra de armas para la Policía, adquisición efectuada sin concurso, por una unidad especial del Ministerio de Gobierno. Esta misma semana sale a la luz un informe de la Contraloría sobre los gastos realizados por la Asamblea Constituyente. Y los titulares hablan de irregularidades en contratos: desde los platos de comida que se sirvieron los asambleístas, hasta las alfombras que pisaron sus honorables pies. En ambos casos, aparecen procedimientos que deberían pagar derechos de autor a la vieja partidocracia. Concursos fingidos, proveedores que cotizaron sin que ellos se hayan enterado, hoteles que dizque concursaron y recién lo saben ahora. Ah, también aparecen contratos otorgados a una funcionaria de prensa de la Asamblea, que ganaba sueldo del Estado. Y pese a lo cual, le dieron contratos de publicidad.
Horas después, como si nada y sin despeinarse el estilo Febres Cordero, el "Corcho" Cordero minimiza la cosa y dice que son temas administrativos de menor cuantía. De paso, anuncia que el congresillo sí tendrá fiscalización. Claro, siempre y cuando, se consiga reunir 19 firmas, que la oposición no tiene.
En estos casos no vemos ninguna intención de descubrir la verdad, de buscar la justicia. De intentar meter presos a aquellos que no ofenden una majestad presidencial, pero sí insultan la inteligencia de un país. Aquellos que pretenden seguir viéndonos la cara y seguir utilizando el dinero público como si fuera de ellos, cuando esa plata -esa sí- es de todos. Será que los Manos Sucias tienen la virtud de poseer un verbo florido y lleno de halagos. Tal vez. El hecho es que algunos gozan del privilegio de lavarse las manos en casa. Luego salen limpios, preparados para lo que será el siguiente banquete. Buen provecho.
mpuertas@hoy.com.ec
Hora GMT: 01/Noviembre/2008 - 05:08

01/Noviembre/2008 a las 13:37
Los corazones ardientes están tan ensimismados en su órbita de plenos poderes que las monedas más, monedas menos, no les interesa. Nos daremos cuenta en unos días si el Sr Pólit se desmarca de AP o definitivamente se congracia con el que sabemos para cuidar su cargo
08/Noviembre/2008 a las 08:07
Tenemos un estado mafioso, que controla la contraloría, la procuraduría, la fiscalía, los jueces y cortes, la policía, y tiene una fuerza armadas que se prestan para todo, incluso un ejercito que se hace el bobo que no sabia del campamento de Reyes, cuando allá han ingresado como sitio turístico periodistas chilenos, estudiante de terrorismo mexicanos, y ni se cuantos mas y el ejercito? Aquí bien gracias gozando de los presentes y al servicio de su majestad. Ni Al Capone soñó en tener todo bajo control; después este gobierno con Rafuel Banda a la cabeza se jactan de que hasta ahora nadie les puede acusar de corrupción cuando, es claro que la corrupción controla a la corrupción para decir que todo esta bien, y el pueblo ecuatoriano convencido, bueno, al pueblo lo que es del pueblo.