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La alegría y esperanza invadieron ayer al manabita Juan Enrique Chila de Portoviejo (Manabí). Volvió a mostrar en su rostro una sonrisa. Por fin, después de cuatro días de llamar y llamar por teléfono, finalmente logró comunicarse con su esposa haitiana, Ruth Julien, quien estaba con su hijo de dos años en Puerto Príncipe cuando ocurrió el terremoto.
Chila explicó que ayer escuchó la voz de su esposa, aunque entrecortada y con mucha interferencia. "Ella no pudo escucharme. Solo me decía hola, hola, yo le hablaba y ella no me respondía", comentó a HOY emocionado.
El manabita de 34 años se tranquilizó al saber que su esposa estaba segura. "Sabía que era yo. Mencionó mi nombre en varias ocasiones y dijo que ella y el niño estaban bien. Incluso pude escuchar la voz de mi hijo".
El joven se mostró sorprendido porque el sonido ambiental denotaba terror y caos "Se escuchaban gritos muy fuertes", señaló.
Juan aún intenta viajar a Haití para ver a su esposa, su hijo y su familia política. En Portoviejo no ha conseguido ayuda por más que ha visitado varias entidades gubernamentales. Con él vive el hijo mayor de la pareja, Jean Enrique de 4 años, a quien lo encargará con su madre Alba Velásquez si es que logra salir rumbo a Haití.
Tanto Juan como su esposa tienen varios títulos profesionales y de cuarto nivel. Se conocieron en Cuba cuando estudiaban becados en ese país en 2001. Él se preparaba como profesor de boxeo y ella en tenis de campo. Se casaron en 2006.
Ambos hablan francés e inglés, incluso su primer hijo habla francés claramente.
Aún así, la gran preparación profesional que tienen no les ha servido de mucho en Manabí, provincia donde residían desde hace dos años, pues ninguno de los dos consiguió trabajar en la Federación Deportiva de Manabí como era su aspiración.
Ante ello, Ruth Julien decidió continuar sus estudios de Lenguas en su natal Haití ya que había obtenido una beca.
Chila lo único que quiere es tener entre sus brazos a su familia y traerla de vuelta a Manabí, pues está consciente que su natal provincia hay menos peligro. (LFV)
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