Cecilia Velasco
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En su novela breve El túnel, el recientemente fallecido argentino Ernesto Sábato hace decir a su personaje, un pintor confeso del asesinato de su amante María, que no cabe duda de que el mundo es un lugar horrible y de que le basta la lectura diaria de las noticias de cualquier periódico para convencerse de que así es y de que el pasado seguramente fue peor. El mundo se muestra para el personaje como un museo de los horrores. La obra, publicada en 1948, se refiere recurrentemente a un hecho que muestra la barbarie humana: el que se haya obligado a un prisionero a comer viva una rata en un campo de concentración.
Desde una perspectiva moral, el personaje es muy complejo, porque al reconocerse él mismo como alguien vanidoso y no mejor que sus colegas humanos, expresa en reiteradas ocasiones su misantropía y la idea de que el exterminio de unos cuantos indeseables bien podría contribuir para que le mundo fuera un poco menos insoportable. Lo que busca hasta el cansancio y el fracaso es la idea de que alguien lo comprenda.
La idea de que el mundo es un lugar horrible es una de las que, de Sábato, suele quedarse con nosotros. Si se deja fuera de consideración el análisis literario y el valor estético de la obra, podemos detenernos a analizar el papel que podemos jugar, como protagonistas y lectores del mundo que nos ha tocado vivir, si es que nos es dado desempeñar alguno, y casi siempre es así. ¿Quién puede afirmar que no tiene que tomar decisiones en su pequeño o gran entorno? ¿No somos, de algún modo, los protagonistas de las noticias buenas o monstruosas que los periódicos publican cada día?
Como en una lluvia de imágenes, acuden a nosotros las de los últimos 20 años. Las fotografías solo de las últimas Word Press Photo podrían llenar las salas de ese museo de los horrores del que habló Sábato. En estos mismos días sabemos, sin casi poder procesar, de los ejércitos de matones en Siria, y los asesinatos en México y Centroamérica, por citar solo algunos casos, sin tomar en cuenta lo que suele ser parte de un nefasto escenario constante: los ejércitos de hambreados en éxodo en distintos lugares del mundo, los conflictos por droga o armas que se cobran miles de vidas. Nuevos delitos internacionales como el tráfico de órganos y personas obligan a las legislaciones a crear leyes que protejan al pobrecito humano. Junto con noticias de esta naturaleza, que involucran a conglomerados y naciones enteras, pensemos en informaciones de prensa como la de la mujer en Colombia, brutalmente torturada y asesinada o el joven homosexual chileno, a quien se dejó en agonía durante casi un mes tras la paliza de una gavilla de criminales. Se discute mucho si los medios tendrían que hacer saber u ocultar, mostrar la imagen brutal o censurarla, cuando lo más aconsejable ética y profesionalmente es informar en contexto, profundizar e investigar y no tornar banal lo inhumano. Cada quien tendría que preguntarse cuál sería el titular del periódico a que dé lugar su accionar cotidiano con los más cercanos. Frente a ese horrible lugar en que habitamos, quizás solo quepa una conciencia comprometida y no sedantes que nos anestesien y embrutezcan.
Autor: Cecilia Velasco - Ciudad Quito
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12/Junio/2012 a las 12:38
A diario tenemos una avalancha de noticias horribles que de tanto repetirse bloquean la sensisbilidad de los lectores o televidentes, unos prefieren cerrar los ojos y vivir de espaldas a la realidad, mientras no me afecte, somos seis mil millones de habitantes que intentamos sobrevivir en un planeta sobrepoblado donde prima la ley del más fuerte, poco importa entender en contexto porqué hay tanta miseria alrededor, buscamos refugio en el consumismo aunque en el fondo nos quede un gran vacío.