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'Majestad y pobreza'

Publicado el 30/Septiembre/2008 | 00:08

Por Cecilia Velasco

Hace 50 años, en 1958, se publicó la novela El chulla Romero y Flores, de Jorge Icaza. En mi relectura actual, siento hondo interés sociológico y político, al tiempo que reconozco en las páginas una concepción barroca, en cuanto todo es descrito con abundancia; el lenguaje es densísimo, lleno de aposiciones, incisos, complementos que explican hasta el hartazgo las circunstancias de las acciones o que describen con pelos y señales a los personajes. La atmósfera de la novela está habitada aún por los fantasmas de latifundistas y gamonales que, ya instalados en la ciudad, cuentan a cuántos indios de sus haciendas castraron para apagarles la rebeldía y convertirlos en pacíficos esclavos.

En El chulla Romero y Flores, Icaza narra desde una ciudad en la que hay múltiples desencuentros entre un esfuerzo de urbanismo y las claras señales vivas de lo precario y atrasado. El héroe de la obra es un mestizo que quiere matar constantemente la memoria de la madre indígena -lo que no le resulta fácil-, al tiempo que el padre, un descendiente de los "blancos" pugna por imponerse como triunfador, aunque encarna perfectamente su mote: "Majestad y pobreza".

El racismo del que Icaza nos había hablado 34 años antes en su Huasipungo sigue campante, del mismo modo en que sigue corriendo por las venas de sus personajes y por sus estructuras idiomáticas el ingrediente indio.

Los personajes se disfrazan y tratan conscientemente de evitar ciertos gestos y acentos para blanquearse y arribar posiciones en la cerrada jerarquía social quiteña. Igual que el auténtico chulla quiteño, el de la obra padece pobreza, pero anda bien acicalado y, al igual que ocurría con los muertos de hambre de la picaresca española del s. XVII, viste capa y sayo, aunque en su casa ni las ratas tengan qué comer.

En la novela se formula un crítica fortísima respecto de prácticas políticas que no hemos enterrado aún, ni siquiera con la muerte de los partidos políticos y de su deformación, la "partidocracia" Se habla, pues, de problemas que no hemos logrado vencer, como el deseo del poder por el poder, en la medida en que es vehículo de ascenso social, método de revancha y camino fácil de enriquecimiento. "La mejor gente" está constituida por "los de siempre": sujetos de sectores privilegiados, emparentados entre sí, o "panas" que, más allá de disputas aparentes, comparten los mismos fines: alcanzar el poder para provecho propio.

Palanqueos, tráfico de influencias, nepotismo -o sea múltiples formas de corrupción-, junto con la certeza de que las leyes siempre pueden ser interpretadas y manipuladas. ¿Les suena conocido?

Ojalá que en verdad, como dicen los optimistas, estén llegando nuevos tiempos tras el triunfo del Sí, que expulsen para siempre esta concepción viciosa de la práctica política, que tanto daño nos ha hecho.

cevelasco@hoy.com.ec

Hora GMT: 30/Septiembre/2008 - 05:08

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Comentarios

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  1. 1 Marco desde - Quito

    DE CUERDO CON SU ARTICULO, SIN EMBARGO, SU DESEO SE HARA REALIDAD CUANDO EL PUEBLO ECUATORIANO Y ESPECIALMENTE EL GUAYAQUILEÑO ENTIERRE PARA SIEMPRE A NEBOT, ULTIMO BASTION DE LA VIVEZA CRIOLLA.

  2. 1 Alberto

    Marco ya suelta a NEBOT. Es evidente la envidia al progreso. Como la tiene Putin a Geogia. Si lo dice por la autonomia. Pues funciona bien aca en EEUU y en muchos paises de Europa. Ya vasta de bonos de vagancia y rechazo a la inversion extranjera. Seamos mas progresistas que idealistas.

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