Por Francisco Rosales Ramos
rosales@hoy.com.ec
En su momento se advirtió sobre la inconveniencia de atribuir las responsabilidades de comercio exterior e integración al Ministerio de Relaciones Exteriores, tanto porque su acción principal es política, cuanto porque las materias económicas internacionales es mejor desvincularlas, en lo posible, del tráfago político. Al cumplirse tres años de este cambio institucional (entre los primeros decretos expedidos el 15 de enero de 2007 consta la modificación de las responsabilidades de los Ministerios de Relaciones Exteriores y de Industrias), la experiencia confirma lo que se advirtió.
Es evidente que el Ministerio de Relaciones Exteriores -que ha tenido cuatro titulares en tres años- ha estado absorbido por los asuntos de política internacional: Alba, Unasur, conflicto con Colombia, Honduras, Irán, Rusia, la China, para nombrar los más destacados, mientras el comercio exterior ha marchado a la deriva.
La actual estructura institucional es incoherente porque mientras al Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Exterior e Integración le corresponde entre otras cosas "dirigir y coordinar las negociaciones comerciales y de inversión internacionales de acuerdos bilaterales, subregionales, regionales, birregionales, extracontinentales y multilaterales de acuerdo a los lineamientos del Comexi", (art. 1 del decreto ejecutivo No. 436), este organismo está presidido por el ministro Coordinador de la Producción y la Secretaría le corresponde al Ministerio de Industrias y Productividad. Y además, el art. 3 del Decreto Ejecutivo 144 de 26 de febrero de 2007 dispone: "El Ministerio de Industrias y Competitividad continuará ejerciendo sus competencias sobre la política de comercio exterior que no correspondan al ámbito de las relaciones exteriores".
En la estructura económica del Ecuador en la que el comercio exterior representa parte muy importante del producto interno bruto, la atención a ese sector es absolutamente prioritaria. Un ministro de Estado debería dedicar la mayor parte de su tiempo a diseñar y ejecutar la política de comercio exterior e integración. Los tratados bilaterales, los acuerdos andinos, Aladi, y las negociaciones con la Unión Europea, los asuntos relativos a la Organización Mundial de Comercio, a las preferencias arancelarias, en suma un amplísimo ámbito que requiere atención exclusiva al más alto nivel. Además, conviene una conducción estrechamente coordinada con las políticas industriales y de comercio exterior, para evitar efectos negativos y dar mensajes contradictorios a los agentes económicos.
Bien valdría que al evaluar los resultados de estos tres años y visto que permanecerá tres años adicionales, el Gobierno concentre en un Ministerio de Industrias, Comercio Exterior e Integración lo relacionado a estos sectores económicos y le asigne también la presidencia del Consejo de Comercio Exterior e Inversiones, Comexi, en busca de una acción coherente y eficaz en beneficio del país.
Hora GMT: 15/Febrero/2010 - 05:09
