Por Margarita Laso
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La palabra refugio viene de oso, de madriguera. Está asociada, al pie de estos volcanes feroces, a los escaladores, viajeros y excursionistas; a los caminadores que llegan a congelarse los dedos en los nevados. Hay un refugio aquí, al pie del hielo, en la zona rocosa, donde hombres y mujeres despedazan las presas, pelan las papas. El fuego se hace con un tanque de gas doblemente valioso y se "para" la olla, se dispone la comida colectiva. Entran al refugio algunas con leves rastros de escarcha en las gorras, otros con pelusas de nieve en los bigotes. Entran a poner sus manos cerca de la llama, del fuego venturoso.
Refugio aquí es una escuela, un galpón donde se han acomodado literas y colchones para evadir la ceniza de los volcanes, para huir de la inundación del Niño. Un lugar no permanente donde pasar algunas noches o semanas, arrancados por la fuerza del polvo gris o las saladas aguas. Madera para el techo, lona para el suelo, refugio también es un toldo de plástico, unas divisiones de cartón al pie del camino. La palabra viene de huida y necesidad. De sobrevivencia. También, se asocia aquí a estas mujeres-osos de anteojos. Tienen círculos de oscuridad y llanto alrededor de los ojos. Osas desvalidas. Allí se ayudan cargándose los guaguas unas a otras. Como un tazón de leche para las niñas chicas, para los niños con ojos todavía aterrados, ellas se refugian.
Pero en el Ecuador refugio es también re-asentamiento, documentos, derechos. En virtud de los conflictos y la violencia que sufren nuestros vecinos colombianos, este es el país con más refugiados del continente. Para quienes vienen del sufrido norte perdiéndolo todo, la vida suma varias formas de marginación. Trabajar indocumentados, como tantos ecuatorianos en el mundo, es una carga humillante. Por eso, la decisión política de otorgar documentos a los refugiados es valiosa extensión de una tradición deseada: la hospitalidad. Los papeles con nombres, con códigos de admisión, el reconocimiento de derechos que se plasma en un documento de identidad de refugiado hacen más corto el trecho de este río que traza una frontera internacional. Este río que a veces cruzarán heridos de guerra, excombatientes, soldados de causas retorcidas. Y que aquí solo serán acogidos como colombianos que son, o colombianas. Que con papeles pueden aspirar a un trabajo, a protección contra el maltrato, a la educación de sus hijos, a tener algo otra vez.
Una visa así es una paloma, un acto de paz, una tórtola digamos con posibilidad de vuelo. Según el Acnur, dado que se encuentra en ejecución el registro ampliado de refugiados, en los últimos meses, más de 11 mil colombianos han logrado obtener ese estatus en el Ecuador. Refugio y refulgir no vienen de la misma luz, pero van hacia ella. Tal vez la solidaridad es menos rauda, pero aquí se hacen esfuerzos verdaderos. ¿Voluntad política, vocación humana? El Ecuador, esta medida astral, cinturón de tierra, puede en verdad ser un lugar de acogida, fuego y lumbre. Un refugio: un lugar de paz.
Hora GMT: 02/Enero/2010 - 05:06
