Primeros espectáculos taurinos en Quito datan de 1573, 39 años luego de su fundación
A propósito del Bicentenario, vale la pena intentar inscribir en el tiempo los hechos más sobresalientes de la historia de la fiesta de los toros en el Ecuador.
Las referencias históricas sobre la realización de los primeros espectáculos taurinos en Quito se ubican en 1573, es decir, 39 años después de la fundación. Sin embargo, en El arte ecuatoriano (Quito, 1960), el padre José Vargas, dominico dedicado al estudio del arte colonial del Ecuador, menciona los acuerdos del cabildo de 1595, 1610, 1614 y 1616, que ya hacen referencia a jugar y correr toros, y cita una noticia de 1549 sobre corridas de toros en Quito con motivo de las celebraciones de la Pascua.
En el libro La Real Audiencia de Quito Claustro de los Andes, el ilustre historiador Ricardo Descalzi aporta datos importantes relacionados con la historia de la ciudad y las actividades taurinas.
El 10 de mayo de 1573, el Cabildo de Quito tiene "acalorada sesión defendiendo las fiestas de Pascuas de Pentecostés y resolviendo que estando mandado jugar y correr toros y que se regocije la ciudad y que ahora se ha impedido hacer lo susodicho, se ordena y se advierte el castigo a quien no asista a las caretas, toros y luminarias".
En 1574, mes de mayo, para esplendidez en la observancia de "usos y costumbres establecidas con beneplácito de Su Majestad, como sacar el Pendón Real la víspera y el día de la Pascua del Espíritu Santo, se convino, para dar esplendidez a estas celebraciones, se realicen juegos de cañas y fiestas de toros, las que tendrían lugar como siempre en la Plaza Mayor conocida como Plaza Grande, donde se armarían los palcos y los tendidos".
El anuncio del cobro del nuevo impuesto de las alcabalas, que afectaba el comercio local, desencadena, en Quito en 1592, un alzamiento popular en contra de las autoridades españolas; este fue finalmente sofocado por la Corona.
"El 30 de septiembre de ese año, dos días después de acontecimientos sangrientos, la ciudad festejaba a su flamante patrono, San Jerónimo, como si nada agitara el ambiente. Se jugaron cañas y hubo corridas de toros y el pueblo se divirtió confiando que el asunto de las alcabalas tendría solución aceptable".
Otro acto taurino tuvo lugar en 1631 "con corridas de toros en la Plaza Grande, siendo interpretado como buen augurio (para el príncipe heredero de Felipe V) que no hubo muertos ni desgracias de ningún género" (Los toros, tratado técnico e histórico,. José María Cossío, Antonio Díaz-Cañabate. Espasa-Calpe).
El ilustre historiador arzobispo Federico González Suárez, en el tomo quinto de su Historia general de la República del Ecuador (1894), recrea con notable claridad y ojo crítico la trascendencia de los juegos de toros en la etapa colonial.
"¡Las corridas de toros! Esta era, en tiempo de la Colonia, la diversión popular, la más apetecida y la más agradable de todas; con ella se daba mayor solemnidad a las fiestas de los santos, con ella se agasajaba a los presidentes y a los obispos cuando llegaban a Quito".
La tradición taurina continúa después de la Independencia como un legado que seguiría desarrollándose en un contexto propio y autónomo.
El periodista Jorge Ribadeneira, en su obra Tiempos idos, relata que, en 1823, un año después de la Batalla de Pichincha y con motivo de la conmemoración de su primer aniversario, "se dio la primera corrida de toros sin participación de españoles".
Así, la celebración que pasó a manos criollas es, según el autor, el "argumento suficiente para comprender que se constituyó en la fiesta nacional ecuatoriana y lo será para siempre".
Así las cosas, podemos concluir que la fiesta de los toros ha formado parte de la vasta riqueza cultural de la ciudad durante más de cuatro siglos.
Hora GMT: 09/Agosto/2009 - 05:05
