Por Enrique Valle Andrade
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El concepto de riqueza encierra la idea de abundancia; y el de rico, por derivación, se aplica a una persona adinerada o acaudalada. Al rico, los bienes materiales le sobran. Es obvio, en teoría económica, es concepto elemental que para acrecentar bienes es necesario ahorrar todo aquello que excede a lo que una persona consume para satisfacer sus necesidades. Eso solo lo puede lograr una minoría, pues el común de los seres humanos a duras penas logra subsistir medianamente consumiendo todo lo que le ingresa; solo unos pocos están capacidad de guardar el exceso. Los que pueden lograrlo y llegan a acumular cuantioso patrimonio son aquellos que pueden merecer el calificativo de ricos.

Al parecer, la Secretaría Nacional de Planificación y Desarrollo (Senplades) tiene un concepto muy distinto de lo que es la riqueza. En una nota informativa de diario El Universo, del 4 de diciembre, aparece que este organismo tenía previsto analizar en esa fecha, con el presidente Correa, el nuevo indicador de la riqueza. Según los datos del Senpaldes, para que un hogar sea considerado rico debe tener un ingreso mensual superior a $2 783; dentro de este rango, se encuentra el 2,1% de los ecuatorianos.

Además de esta afirmación que asombra, hay otra declaración, esta, del señor René Ramírez, secretario nacional de la Senpaldes, quien ha explicado que estos grupos lograron llegar a la riqueza por "procesos sistemáticos de exclusión y por tener una institucionalidad que produjo cierto nivel de privilegios que se reprodujeron desde 1930 hasta la actualidad."
Quienquiera que viva en el Ecuador seguramente estimará que constituye un sarcasmo sostener  que quien gana poco menos de $3 000 mensuales sea considerado rico.

¿Quiénes se encuentran dentro de ese rango? Entre $2 500 y $3 000 se ubica la remuneración de los mandos medios en la empresa privada y en la pública; eso gana el término medio de los profesionales; los del mediano comercio; los artesanos exitosos y las personas que trabajan por su propia cuenta con relativo éxito.

Si a un médico, abogado, gerente o empresario que tiene ingresos mensuales por $2 800 alguien se atreviera a decirles que son ricos, muy seguramente ellos lo tomarían como una burla y poco agrado les causaría, pues con esa renta, a duras penas, les alcanza para llevar una vida digna que permite pagar una casa, educar a los hijos, sostener a la familia decorosamente, pero que no deja margen para el ahorro y la acumulación de capitales.

Esa distorsionada visión de la realidad económica de las familias de clase media genera resentimiento social e induce a los estratos de escasos recursos a pensar que todo aquel que algo tiene, ya de por sí, es persona rica y adinerada y que, además, llegó a tenerlo quitándole al pobre. Esa es la conclusión del ignorante cuando le dicen que el que gana $2 800 lo logró merced a un proceso de "exclusión" y "privilegios".