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Los pueblos ocultos se resisten a desaparecer (II)

Publicado el 17/Febrero/2008 | 11:14

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Expedición intenta esclarecer matanza


Presión de grupos indígenas y de defensores de DDHH obligó a que una misión investigue in situ presunto asesinato de 15 taromenanes

Llegar hasta la zona donde se habría registrado la muerte y decapitación de cinco a 15 taromenanes, en un sector ubicado entre los ríos Cuchiyacu y Cononaco Chico, entre las provincias de Orellana y Pastaza, es una tarea que tomaría al menos seis días. Con ese argumento, la Policía había justificado esta semana no haber investigado la supuesta masacre.

Organismos defensores de Derechos Humanos y líderes indígenas repudiaron la inacción de la Policía y otras autoridades para confirmar o desvirtuar la presunta masacre de miembros de la etnia Taromenane. "Si la Policía no tiene los medios para llegar hasta el lugar de los hechos, pues tienen que conseguirlos. No creo que esa sea una excusa, no importa si muere uno o cinco taromenanes, lo que importa es que son seres humanos y, además, son ecuatorianos", señaló Elsie Monge, presidenta de la Comisión Ecuménica de Derechos Humanos (Cedhu).

Penty Bayhua, coordinador de la comunidad indígenas Baneno, situada a 22 km de Orellana, señaló que de no tener el apoyo de las autoridades ellos iniciarán una expedición al lugar, aunque para estos casos se requeriría que tomen procedimiento la Policía Judicial, la Fiscalía y el Intendente, y un delegado del Ministerio del Ambiente.

La reacción provocó que finalmente se decida enviar una misión al lugar.

A las 09:30 de este viernes, el representante del Ministerio del Ambiente en Orellana, Edwin Ruiz, cuatro policías judiciales y una patrulla militar partieron desde esta urbe amazónica vía terrestre (en dos camionetas), y el personal militar en sus unidades de la Brigada de Selva 19 Napo, hasta Tiguino. Ahí se unirán a cinco miembros de la etnia Huaorani y en canoa, a través del río Tiguino y Cononaco, llegarán a la intersección de los ríos Cuchiyacu y Cononaco Chico. Luego ingresarán hasta el lugar, donde presuntamente murieron los indígenas a manos de madereros colombianos, como denunciaron dirigentes huaoranis de Orellana y Pastaza. (SDR)

Detalles de los pueblos no contactados del ecuador


Los tagaeris y los taromenanes tienen la costumbre de pintarse la planta de los pies con achiote, usan el pelo largo hasta la cadera y un cerquillo. Debido a que el pelo les tapa la visibilidad se cortan el pelo en la frente con caña tipo guadúa o con concha de los ríos cercanos de donde ellos viven.

Su alimento es plátano, yuca y carne de monte, pavas, aves, monos, venado y cuanto encuentren en la selva.

Ellos viven en una zona denominada, por decreto, como intangible, que quiere decir que se trata de un territorio de caracter intocable por fuerzas externas, ajenas a los habitantes propios de la zona y a su ecosistema. Una zona intangible no cercana a los pueblos que allí conviven, sino que impide que habitantes extraños, peor aún extractores de madera, minerales o empresas petroleras entren a perturbar su entorno.

Habría un tercer grupo que no tiene nombre, solo existen "rumores" escuchados a los huaorani, indígenas integrados hace décadas, de la existencia de un pueblo desconocido que habitaría la zona más oriental del Yasuní, junto a la frontera con Perú, pero no se han visto casas ni gente.

Por Alex Rivas Toledo, antropólogo

Los pueblos indígenas en aislamiento han acaparado en los últimos años no solo titulares en medios de comunicación cuando han sido masacrados, perseguidos o eventualmente protegidos, sino que van formando parte de agendas gubernamentales, del reclamo desde las sociedades civiles organizadas y de las preocupaciones de los organismos de cooperación internacional.

Estas iniciativas, comunes aunque discontinuas y disímiles, coinciden en la preocupación por la vida, derechos, ecosistemas y territorios de estos grupos humanos únicos en el mundo.

Los pueblos aislados representan no solo un espacio civilizatorio, geográfico y simbólico en que confluyen particulares variables socioculturales, políticas y ambientales, sino que representan un reto para las políticas públicas de los Estados nacionales sudamericanos marcadas en las últimas décadas por el surgimiento del multiculturalismo de frente a la pluriculturalidad y de la gestión ambiental como respuesta al deterioro ambiental acelerado.

Los pueblos indígenas en aislamiento, pueblos no contactados o pueblos ocultos, están presentes en los países de la cuenca amazónica, Brasil, Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela y en El Gran Chaco, Paraguay.

El número estimado de grupos étnicos en aislamiento es aún inestable debido a la fragmentaria y escasa información existente respecto de su cultura y dinámicas socioculturales. Un dato preliminar describe al menos un centenar de pueblos de diverso tamaño, origen étnico y lingüístico en condiciones de aislamiento.

Brasil es el país con un mayor número de pueblos indígenas en aislamiento; cuenta con un aproximado mayor a 30 pueblos. Ecuador cuenta con al menos dos pueblos indígenas en aislamiento vinculados a la etnia huaorani; estos pueblos son los Tagaeri y Taromenane, pero no se descarta la existencia de otras familias-clanes aún desconocidos. En Bolivia, el número de pueblos aislados es indeterminado, aunque se conoce que pertenecen a por lo menos cinco grupos étnicos. Colombia registra un pueblo en aislamiento en la región del río Puré. En Paraguay se registran varias familias del grupo étnico ayoreo, quienes ejercitan su movilidad en regiones fronterizas con Bolivia. En Venezuela aparentemente ya no existirían pueblos ocultos, sin embargo habría clanes y familias aisladas de pueblos indígenas que se movilizarían en las zonas de frontera con el Brasil.

Cabe formular las siguientes preguntas sobre el problema de la representación de los pueblos aislados: ¿la defensa de los aislados solo es legítima si la realizan las organizaciones indígenas?, ¿son las organizaciones indígenas un actor privilegiado en la representación política y defensa de los pueblos aislados?, ¿es ilegítima la representación y las acciones de organizaciones civiles no indígenas en defensa de los pueblos aislados? Este ensayo no es el espacio para dar respuesta a estas interrogantes, sin embargo estas orientan una discusión en la que es imprescindible desarrollar marcos de democracia multicultural que posibiliten la acción colectiva de organizaciones indígenas, iniciativas civiles no indígenas y otros actores de diverso nivel en torno de los aislados.

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