Por Andrés Cárdenas Matute*
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Muchos gobiernos socialistas actuales se han autoproclamado "progresistas". Y el extraño adjetivo no solo se aplica a un conjunto de lugares comunes en la manera de gobernar de estos (terror a los medios de comunicación, corrupción interna, simpatía por la eterna dictadura cubana, complejo de gobierno salvador que empieza a construir desde cero, etc.), sino también a personas individuales. Fulanita o fulanito es "progre", se oye decir.
Tengo que confesar que, aunque muchas veces presumo de ser un libre-pensador, hay autores que inexplicablemente, sin haberlos leído, no me atraen.
Esto me sucedía con el inglés G. K. Chesterton, hasta que me topé con su libro de ensayos Herejes y descubrí a una elegante, precisa y demasiado clara pluma. Irreverente, sincero y sabio Chesterton. Sin respetos humanos. Además, tiene un estilo intelectualista notable. Jorge Luis Borges lo admiraba.
Entonces, ¿es verdad que fulanita es "progre"? El escritor inglés encuentra irónico que la época que menos ha determinado qué es progreso sea la época "progresista". E incluso, que las personas más "progresistas" sean las que menos han determinado qué es progresar.
"Por su mismo nombre progreso indica dirección; y en el momento en que tenemos la más mínima duda sobre la dirección, pasamos a dudar en el mismo grado sobre el progreso. Pero nosotros estamos en desacuerdo precisamente sobre la dirección. Si la excelencia futura consiste en más ley o menos ley, en más libertad o menos libertad; si la propiedad debe ser finalmente concentrada o finalmente desmenuzada; si la pasión sexual alcanzará su mayor salud en un intelectualismo casi virgen o en una total libertad animal; si debemos amara a todo el mundo con Tolstoi o no perdonar a nadie con Nietzsche", dice, en su ensayo "Acerca del espíritu negativo".
Para progresar (entiéndase: progreso integral) se necesita una dirección, y Chesterton piensa que esa dirección la da una doctrina moral. No se hace problema en usar o no palabras políticamente correctas: doctrina moral.
Y aquí es donde la humanidad encuentra, actualmente, su vacío. En el ceder en la búsqueda de lo bueno, de lo bello, de lo verdadero, está el "gran colapso silencioso", la "enorme decepción callada". El autor inglés califica a la moralidad moderna como "una certeza de males": solo puede apuntar a lo imperfecto, a lo insano, al hígado podrido, a la cadena perpetua, a la pena de muerte, a unas pocas señales de peligro evidente.
¿Quién es más sano: el monje que medita sobre Cristo o Buda y enloquece por amor a la cordura, o el moderno estudioso de la ética que conserva la cordura por un temor insano a la insania? ¿Cuál es el "progre"? "Progreso no es una palabra ilegítima, pero es lógicamente evidente que es ilegítima para nosotros", sentencia.
*Universitario ecuatoriano, cursa estudios en Chile, invitado de HOY
Hora GMT: 25/Octubre/2009 - 05:10
