Por Simón Espinosa Cordero
"En año de crisis hay que evadirse", decía una señora de Tengel cuando la "escoba de la bruja" plagó la producción de cacao, y la tengeleña determinó enloquecer y terminar sus días en el Lorenzo Ponce, atendida por las hermanas de San Vicente de Paúl, que intuían que la señora estaba más cuerda que muchos cuerdos jueces de la Corte Suprema.
Para hacer frente a la crisis en este primer mes del año recomiendo como evasión la novela Los pilares de la Tierra de Ken Follet, pese a las 1 357 páginas de la edición española de 2008. La novela apareció en 1989. Quienes amen la lectura fácil y no conozcan esta novela harían bien en leerla por los siguientes motivos. Uno: porque despierta el interés del lector desde la primera página y lo mantiene 1 357 veces. Si se le dedica una hora a la noche y otra al amanecer, la lectura durará 31 días. Habrá, pues, 62 curiosidades de saber cómo continúa y concluye. Estas picaduras de la mente dan sentido al día que comienza y al día que termina. Hay expectativa. Razón para vivir. Un gusto en medio de las preocupaciones que causan el Gobierno de la República, los bonos del IESS, el rancho de la tropa, el genocidio en la Franja de Gaza, la falta de empleo, la distribución gratuita de El Telégrafo, la calidad de la televisión ecuatoriana y lo caro que se ha puesto el Viagra.
Dos: por el tema de fondo. Cómo, por qué y para qué se construían las bellas catedrales de Europa Occidental en la Edad Media. La primera parte de la novela transcurre entre 1135 y 1136, y la sexta parte -entre 1170 y 1174- cuando la cerámica de la región del Napo comenzó a decorar las vasijas con dibujos de animales gracias a contactos con la cultura de la isla Marajó en la desembocadura del Amazonas. El tema de la catedral le sirve al autor para contar la vida en la Edad Media: feudalismo, Iglesia católica, monjes benedictinos, caballeros, damas, siervos de la gleba, mujeres, vestidos, comidas, costumbres, todo dicho mediante historias melodramáticas hábilmente entrelazadas. Por algo el autor, que había escrito hasta entonces thrillers llegados a bestsellers, se dedicó durante años a estudiar la historia de las catedrales del medioevo, y la vida económica y social en las sociedades que las construyeron. Esta novela viene a ser una historia de los adentros de la edad media en el siglo XII.
Tres: porque se trata de una novela sin pretensiones literarias, psicológicas, filosóficas, eruditas, pedantes, exhibicionistas. No es una novela para exhibirse en los cocteles, lucirse en los cafés literarios y mostrar cuán estúpidos y provincianos son los otros. Es una novela para disfrutar y descansar. Por estos tres motivos Los pilares de la Tierra es excelente como evasión para este primer mes del año de la crisis, cuando a más de los apuros económicos deberemos soportar la campaña de elecciones de un Gobierno convencido de su rectitud moral, su intención patriótica, su propia infalibidad y absolutamente seguro de sí mismo, tanto que los demás somos unas bestias retrógradas, unos egoístas sin corazón, unos tontos de capirote, unos aguafiestas del maravilloso invento del "socialismo del siglo XXI". Evadirse, pues, es una necesidad de salud mental.
simeco@hoy.com.ec
Hora GMT: 01/Enero/2009 - 05:08

01/Enero/2009 a las 11:21
A propósito de evasiones, ¿qué tal si en abril nos proponemos todos volver a la realidad y salir de la evasión del "socialismo"? La vida no nos va a perdonar una evasión más larga.
01/Enero/2009 a las 12:43
Me adhiero a la propuesta del Sr. Oswaldo Mesìas.
01/Febrero/2009 a las 04:35
Luego de leer Los Pilares de la Tierra me acerco a conocer nuevas iglesias o veo las ya conocidas con mucho más respeto: me imagino las vidas dedicadas, la ilusión, las luchas de poder, el esfuerzo, los sueños que hubo atrás de su construcción. Queda algo más que la evasión de un mes en este mundo complicado, aunque eso ya puede ser razón suficiente.