|    Pico y placa Quito:  7-8    |  

Publicado el 09/Abril/2000 | 00:00

Quito. 9 abr 2000. (Editorial) La identidad de un pueblo se
construye con una serie de valores y elementos. La suma de esos
ingredientes forman la cultura nacional. El Ecuador, en su
diversidad, se construye como un país con personalidad todos los
días, en cada momento, con cada mover de una hoja. El idioma, la
música, la comida, las costumbres, la historia, la tierra, la
gente, los ríos, el aire, la ilustración y los otros cientos de
substancias y componentes hacen un todo que es nuestro país. Los
símbolos: el himno, la bandera o el escudo son básicamente eso,
son emblemas, alegorías o insignias que van y vienen dependiendo
de los avatares de la historia. El país, en su pasado, ha tenido
decenas de banderas y escudos y seguimos siendo Ecuador.

La moneda es también una manifestación de nuestra identidad. Sin
embargo, no debe conmovernos hasta las lágrimas que por las
circunstancias de la debacle económica tengamos que modificar su
designación. En nuestra historia y en la realidad de otros países
de América Latina se han cambiado sus nominaciones varias veces.

Es suficiente recordar los nombres de las monedas en Perú, Brasil,
Argentina y otros países de la región para advertir esta verdad.

El tener una moneda tal o cual no nos hace ni más ni menos. Es la
suma de otros valores lo que convierte a una nación en respetable
y digna. Más daño nos produce la autorización de una base militar
extranjera en nuestro territorio o el voto claudicante contra
Cuba. El manejo numismático no tiene sino una importancia
relativa.

La fatalidad ecuatoriana hace que no nos percatemos de otros
daños, probablemente más profundos en nuestra identidad, que
eventualmente pueden trastocar todo el carácter nacional. He
participado como espectador en la inauguración de un campeonato
entre escuelas del norte de Quito. Me he llenado de tristeza al
ver en las pancartas los nombres de las escuelas y colegios. Bien
vale detenerse un momento para asimilar los nombres de estos y
otros establecimientos, en cuyas aulas se forman estudiantes
ecuatorianos.

Esta es una colección de los nombres de algunos de esos colegios
que se me vienen a la mente: USA Academy, William Shakeaspere
School, Celestein Freinet, Colegio Bauhaus, Colegio Becquerel,
British School, Colegio Challenger International Academy, Escuela
Jacques Cousteu, Colegio Evangélico Theodore W. Anderson, Colegio
Federico Gauss, Instituto Internacional Rudolf Steiner, Colegio
Internacional Blas Pascal, Colegio Thomas Alva Edison, Colegio
Bilingüe Ecuadorian College, Boston International High School,
Colegio John D. Rockefeller, Colegio John Dalton, Colegio
Particular Max Planck, Colegio Particular Mixto Luca Paciolo,
Colegio Tomás Jefferson, Colegio Alberto Eistein, Colegio
Internacional Escocés Waldors, Martín Cereré, Instituto Joseph
Winfield, en fin, la lista se vuelve eterna. Los patronos de estos
centros educativos son extraños y distantes a nuestra realidad.

Para los jóvenes que se forman en esos planteles, el Ecuador les
resultará, en el futuro, un país mucho mas lejano

Aquí hay, entonces, un verdadero condimento desde el cual se
construye la contra cultura. Unos mil colegios en Ecuador que
llevan el nombre de estos padrinos son, sin duda, buenos
escenarios para la pérdida de la identidad. Es en la construcción
de una sociedad nacional, propia, con sustancia y bases sólidas
desde donde se hace una nación. La moneda, mientras permita
provocar el surgimiento de un pueblo próspero, bien comido, bien
educado y con valores superiores, puede llamarse como maldita nos
dé la gana. La inquietud mayor es sobre el éxito de la
dolarización y no sobre los prejuicios frente a la pérdida de
soberanía

Andrés Carrión Mena
E-Mail: acarrion@hoy.net
DON ELHOY: 491-333; Código 1522 (DIARIO HOY) (P. 4-A)
[3915]

Ciudad Quito

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