Por Joaquín Hernandez Alvarado
alandazu@hoy.com.ec
Esta vez, la Academia sueca que concede los Premios Nobel ha sorprendido por sus decisiones, sobre todo con el de la Paz, al otorgarlo al presidente de los EEUU, Barak Obama, y el de Literatura, a una escritora rumana pero de lengua alemana, Herta Muller.
Empezamos por esta última. Es cierto que hay obras de ella traducidas al castellano, pero ciertamente no encabezaba la lista de los candidatos con las mayores opciones y, en América Latina, ya se esperaba que el Nobel de Literatura volviese a caer por acá en la obra de escritores insignes como Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, José Emilio Pacheco o doña Elena Poniatowska. Visto desde ese punto, la concesión del Premio Nobel a Herta Muller podría parecer una excentricidad más del jurado e, incluso, como alguien señaló acusadoramente, la muestra de un eurocentrismo.
Muller tiene sin embargo un significado enorme para nuestro tiempo e, incluso, para nuestros países, aparentemente tan lejanos en cuanto problemática cultural de los centroeuropeos. El de la supervivencia. Y el mensaje de que las dictaduras sean del tipo que sean, nazis o comunistas, terminan por destruir la intimidad de las personas.
Frente a los dictadores y a la horda de secuaces y comisarios que les siguen y amenazan de palabra y de obra, como se puede ver en iracundos y fanáticos lectores que en vez de opinar insultan, no es posible mantener lo que Thomas Mann allá por los comienzos del siglo XX pretendía salvar, la intimidad al resguardo del poder. Muller tuvo que escapar de su Rumania natal y refugiarse en Alemania para escapar a los horrores de la dictadura de Ceaucescu. "La experiencia más poderosa de mi vida fue crecer bajo un régimen dictatorial. Y vivir en Alemania, a cientos de kilómetros de ahí, no borra esa experiencia". La escritura surge aquí, como en el caso de otros grandes novelistas, el Jorge Semprún de La escritura o la muerte, por ejemplo, como la única posibilidad de sobrevivir.
La concesión del Premio Nobel de la Paz a Barak Obama ha sido en cambio absolutamente inusitada. Quienes opinan a favor tienen argumentos bastante consistentes. Uno de ellos, el cambio que se ha producido en la política exterior de los EEUU desde que el Presidente Obama ha asumido el poder. Los intentos de paz en Oriente Medio. Pero, sobre todo, el clima de distensión que se experimenta en el mundo pese a que las guerras continúan y el terrorismo sigue haciendo de las suyas.
Obama es el otro nombre de la esperanza, y ello parece ser suficiente en una época que no se caracteriza demasiado por ella para la concesión de este premio, más como una expectativa que como una realización.
Quienes no consideran adecuada la concesión del premio al presidente estadounidense tienen también argumentos. Obama no ha podido todavía llevar a la práctica sus ambiciosos planes de transformar el orden mundial y las guerras en Iraq y Afganistan se incrementan en vez de disminuir. El peligro del armamentismo nuclear va en aumento, y el planeta esta asediado por el peso de su progreso. ¿Obama como símbolo de una interrogación?
Hora GMT: 13/Octubre/2009 - 05:10

14/Octubre/2009 a las 22:28
Una vez más es el triunfo de los tarados populistas, con todo respeto Obama no merece el Nobel de la paz. Y me parece que los jurados se equibocaron, son todos y cada uno "ineptos". El mandatario estadounidense, tendra muy buenas intensiones, pero de estas no pasa a la accion. En el mundo de hoy necesitamos señales que garanticen que los "buenos hombres" tienen el reconocimiento que merecen, sin embargo obama no es ese hombre, él no es un representante de paz, sino que representa el trinfo de una minoria que hoy no es tal.