José Valencia
jvalencia@hoy.com.ec
El uso de helicópteros, tanques y artillería contra los rebeldes denota paradójicamente la debilidad del Gobierno
El informe preliminar presentado antier por la Comisión de Investigación creada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU no deja lugar a dudas. La pesadilla humanitaria que muchos habían anticipado continúa tomando cuerpo en medio de fuertes combates entre las tropas del Gobierno de Siria, sus milicias aliadas -Shabbiha, la principal- y una multiplicidad de grupos opositores armados.
El uso de helicópteros, tanques y artillería contra los rebeldes denota paradójicamente la debilidad del Gobierno, puesto que por lógica mide el poder militar que despliegan los insurgentes. El informe sugiere que hay un flujo persistente de medios bélicos a los arsenales de la oposición, cuyas acciones violentas se han extendido a las mayores ciudades y a todas las provincias del país. Esta misma semana se han verificado duros enfrentamientos en Damasco, antes considerada como un baluarte de los partidarios del Régimen.
Si en toda guerra la primera víctima es la verdad, como dice la célebre sentencia de Esquilo, los siguientes en sucumbir son los derechos humanos de civiles inocentes o las garantías de los combatientes que han depuesto las armas. La Comisión de Investigaciones enumera en detalle variadas infracciones cometidas por las fuerzas gubernamentales y paramilitares adeptos al Régimen: ejecuciones extrajudiciales, torturas, violencia sexual y uso indiscriminado de medios de guerra.
Los mecanismos internacionales de protección a los derechos humanos fueron creados para controlar primordialmente a los Estados, por el poderío institucional y monopolio de la fuerza que estos tienen frente a la desventaja e indefensión del ciudadano de a pie. No obstante, por cuanto en un conflicto armado, interno o internacional, todas las partes involucradas deben respetar los principios humanitarios y de derechos humanos, la Comisión de Investigaciones también ha reportado en su informe sobre violaciones cometidas por las huestes antigubernamentales: ejecuciones sumarias, torturas y el uso indiscriminado de artefactos explosivos.
Las oportunidades para una paz negociada que evite un mayor número de víctimas, disminuyen con cada día que pasa. El odio y los excesos violentos han cundido. Una estación de televisión pro gubernamental ha sido dinamitada por la oposición y han muerto tres periodistas. Human Rights Watch ha denunciado que el Ejército disparó contra civiles que huían a Jordania, cuyo "delito" consistía en buscar refugio de la represión del Régimen o meramente escapar de los combates que se desarrollan sus pueblos.
En medio de este desalentador panorama, se aguarda el resultado de las consultas que con lentitud llevan adelante los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y en particular Estados Unidos y Rusia. La iniciativa rusa de convocar a una conferencia de paz para Siria no ha sido rechazada, al menos públicamente, pero tampoco ha sido acogida por los convocados. El reciente encuentro diplomático en Los Cabos, México, y el próximo que tendrá lugar en Ginebra, aún permiten augurar que una facilitación multilateral no llegue demasiado tarde, cuando la vorágine de guerra sea de tal magnitud que debilite cualquier esfuerzo por cristalizar un pronto arreglo negociado.
Autor: José Valencia - jvalencia@hoy.com.ec






