Por Pepe Laso R.
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Parece que lo que lo que les interesaba era la información que estaba guardada en los discos de las computadoras de la revista Vanguardia. Lo que vuelve sospechosa la acción es que los cinco CPU eran antiguos pero tenían información sensible, según ha declarado José Hernández, director de la revista. Los amordazaron, los pusieron contra el piso como si se tratara de una operación que, al menos para algunos, evoca esa vieja historia de Juan sin Cielo, de la revista La Calle, en uno de esos velasquismos en los que, mientras el caudillo estaba ocupado de las más profundas elucubraciones filosóficas, algun comedido ordenó a los "Pichirilos" secuestrar al periodista y propiciarle un execrable banquete.
Evocar ese viejo acontecimiento que posiblemente nadie recuerda parecería una de esas anécdotas despiadadas que suelen acontecer cuando los viejos se ponen a recordar esos tiempos en que también se disputaba el espacio de la esfera pública para imponer un sentido a la vida social a través de la palabra que encandilaba y enceguecía.
Es que como Austin, el lingüista, observó, "pronunciar una expresión es ejecutar una acción y no meramente describir un estado de cosas". Hablar un lenguaje es una actividad social a través de la cual los individuos establecen y renuevan las relaciones que mantienen unos con otros. Por la palabra mantenemos las fidelidades, las clientelas, las feligresías, hacia lo que creemos que debería ser el destino de la historia de los muchos o los pocos o de todos. De allí la importancia de la palabra. Para unos, los predestinados, la palabra sirve para imponer la verdad salvífica; para otros es un instrumento para una construcción colectiva, dialógica, y casi siempre conflictiva, de la verdad y del destino social, de la que nadie debería ser excluido. Y como las palabras siempre tienen un lugar desde donde se producen, no es ocultando esos lugares, sino volviéndolos visibles a través de un derecho a la crítica y al disenso, que, al menos como utopía, las sociedades modernas se construyen.
Sería absurdo negar que hay lugares privilegiados de la palabra, como el Estado y sus aparatos, las iglesias y los medios de comunicación y que permanentemente deberían reflexionar sobre el ejercicio de la palabra, como lo hacen muchos, y ganarse el derecho para hablar en el nombre de los otros.
Pero si unos definen a los otros como herejes y los otros, como las bestias salvajes, los buitres, los pitufos, los corruptos, etc., entonces se generará tal vez imperceptiblemente el clima propicio para que los inquisidores enciendan las hogueras y los "comedidos" realicen acciones incontrolables para granjearse el amor de sus jefes.
Un recorrido por los nombres de muchos ministros con los que hemos compartido "amores y desengaños" me hace afirmar que sería absurdo siquiera dejar sedimentar la más mínima sospecha. Pero sí deberían ordenar una investigación permanente para mostrar "que ningún comedido sale con la bendición de Dios".
Hora GMT: 12/Julio/2009 - 05:11

12/Julio/2009 a las 11:08
Me pregunto: la OEA y la ONU se habrían precipitado a condenar a Honduras, sin investigar, de no haber sido precedidas por líderes abiertamente izquierdistas como lo son el señor José Miguel Insulza —chileno— y el señor Miguel D’Escotto —nicaragüense—; después de todo estos organismos se autoproclaman en sus estatutos defensores de la democracias de las naciones y no al servicio de intereses aislados, particulares, egoístas de un solo individuo. Por los motivos que se quieran alegar, el pueblo hondureño RECHAZA en más de un 90% a Zelaya y será ese pueblo quien termine pagando, hasta con sangre las premuras de estos organismos, por no respetar la propia autodeterminación de Honduras, que en estos casos, es a la única a la que se deben.