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Los choferes

Publicado el 12/Febrero/2008 | 00:00

Los choferes poseen múltiples poderes, quizás muchos más que cualquier otro grupo social. Cuando amenazan con un paro, el país tiembla porque son capaces no solamente de sembrar el caos sino de paralizar el complejo engranaje que mueve la vida económica, política y social. Desde ahí se enfrentan a todo aquel que intenta ponerlos en vereda.

Lo han demostrado en múltiples ocasiones. Esto quiere decir que ninguna ley de tránsito entrará en vigencia sin su anuencia, aunque provenga de la mismísima y plenipotenciaria Constituyente. Hay un poder particular que les pertenece y que se llama cinismo contra el que no cabe lucha alguna. Frente a un curtido entrevistador de televisión, el jefe máximo de los choferes no sentía ni un ápice de vergüenza cuando afirmaba que ellos son los mejores conductores del país y que se caracterizan por respetar las leyes. Vaya a las estadísticas, decía, y verá que los choferes profesionales son quienes menos accidentes ocasionamos. Lo decía con todo su cuerpo, con sus manos y sus ojos. Afirmaba que en ningún país existe una ley tan dura como la aprobada por el último Congreso. Fueron vanos los intentos del periodista por traerle a la realidad de los hechos, pues se encontraba en una suerte de éxtasis de verdad desde donde le era sencillamente imposible escuchar. Como muy pocas veces en su larga historia de entrevistador, el periodista se quedó con una inocultable sensación de asco, que le habrá durado buena parte del día.

Es probable que se encuentren atrapados en medio de un trance de verdad y honradez cuando no ven la luz roja, cuando rebasan en curva, cuando manejan a exceso de velocidad, cuando chocan, cuando siembran de cadáveres las carreteras. Siguen en trance cuando huyen y se esconden hasta cuando baja el tono de los ayes y de los duelos.

Parecería casi imposible ponerlos en vereda, sacarlos del éxtasis del cinismo para ubicarlos de una vez por todas en los espacios de la responsabilidad social. Desde luego que es necesaria una ley dura que deje de lado toda chueca negociación. Pero será insuficiente sin una capacitación seria que no tome en cuenta tan solo la ley de sino el sentido de respeto al otro, el valor de la convivencia. Insuficiente si perdura la misma complicidad de la Policía. De nada servirá la más dura de las leyes si con las coimas los choferes son capaces de darse baños diarios de honorabilidad y beatitud. Hará falta una nueva Policía que vea en la corrupción su propio mal. Una Policía bien seleccionada, muy preparada y que no necesite de las coimas para sobrevivir.

Hora GMT: 12/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO Autor: Por Rodrigo Tenorio Ambrossi

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